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Mi primera Besoain

Como bomberos nos encontramos en constante capacitación, con el fin de encontrarnos lo más listos y preparados al momento de atender cualquier llamado. Pero existe algo, a lo que sin importar cuanto nos preparemos, no hay forma de estar realmente preparado. Esta es la Competencia José Miguel Besoain.


Una tradición bomberil, que, al entrar a la Compañía, te das cuenta inmediatamente de la importancia que tiene. Es impresionante ver lo que genera en quienes relatan cuando ganaron alguna de las 4 Competencias que ha ganado la Decimoctava. Es un momento y sensación que pocos pueden describir. Todos soñamos con poder representar a la Compañía en tal certamen, pero nadie te cuenta lo difícil que es llegar hasta esa instancia. Volvamos unos días atrás para poder entender mejor todo el proceso.


En marzo de este año recibimos uno de esos mensajes que te aprietan la guata, “Buenas noches compañía, salimos hace unos minutos de la Junta de Capitanes, hay fecha para la Besoain y es el 19/5”. Un mensaje que te hacía imaginar los próximos 2 meses que se venían, meses de nerviosismo y arduo trabajo.


Como Compañía optamos por un “método de trabajo” inicial paulatino. Que nos permitiría ir calentando los motores semana a semana con ejercicios práctico donde iríamos repasando y mejorando conceptos como “unión y desunión” o “lanzamiento de tiras”. Estos ejercicios que se desarrollaban de manera semanal comenzaban a generar que la Compañía entrara en el conocido “Modo Besoain”, hecho que generaba un clima de unión, pero al mismo tiempo el nerviosismo se comenzaba a notar.


Poco a poco comenzaban a aparecer más corredores históricos en los ejercicios, lo que generaba bastante miedo para los que tratábamos de correr nuestra primera Besoain. Sabía que, si quería correr, debía dar mi 200% desde el primer día.


Las conversaciones en el casino pasaban de ser sobre los llamados de la semana, a hablar de quienes tendrían el honor de ser los 12 corredores. En el día a día en la guardia ya no hablábamos sobre temas casuales, hablábamos sobre los entrenamientos Besoain, lo que se venía para la famosa “semana de entrenamiento”.


Y es así como los 3 lejanos meses que faltaban se transformaban en simples 11 días, donde nos encontrábamos citados todos a entrenar, de corrido. El 9 de mayo recibimos los planos de la competencia, como Compañía nos juntábamos para revisar las Bases y resolver todo tipo de dudas que surgían. El famoso “Equipo de pensadores” comenzaba a verse por los pasillos del Cuartel y se reunían para buscar el movimiento que nos llevara al éxito.


El sábado 11 de mayo nos juntamos por primera vez con la cancha ya armada. Sin duda para todos los que queríamos correr, era un día nervioso, nos cuestionábamos como íbamos a hacer para tratar de entrar al equipo y como lo haríamos para sobrevivir una semana de entrenamiento.



Creo que cuando el jefe del equipo pensante dijo las palabras: “Un paso adelante los que quieren correr”, a todos se nos apretó la guata, la opción de correr la primera Besoain estaba cada vez más cerca.  Lo que venía de ahí en adelante, nadie te prepara. Puedes escuchar muchas cosas sobre el camino para correr una Besoain, pero es muy distinto cuando se vuelve realidad.


Entrenar todos los días, con 5 grados, sin luz natural y quedándote mojado por horas es físicamente durísimo. Pero los nervios de cometer un error y salir del equipo, hace que uno se esfuerce el triple y tenga la mejor disposición siempre. Los que ya habían corrido múltiples competencias opinaban sobre el movimiento y no tenían miedo en cuestionar la viabilidad de los diversos movimientos que se practicaban. Pero los que intentábamos correr nuestra primera Competencia solamente nos esforzábamos más y más para poder tener el honor de formar parte del equipo y de representar a nuestra Compañía.



“Sobreviví un día más”, esa era la frase que repetía todos los días cuando me subía al auto después de cada entrenamiento, manteniéndome como titular. Todos los días llegas a la cancha sabiendo que si cometes un error puedes pasar a la banca. Un hecho que genera muchísima presión, pero al mismo tiempo genera que los 12 corredores entrenen buscando la máxima precisión en el movimiento.


“Si sobrevives hasta el viernes, estay listo”, otra de las frases comunes que te daban los más veteranos en forma de aliento. Finalmente llego ese esperado día, el viernes se cerró un nuevo entrenamiento donde me mantenía como titular, hecho que aumentaba mis nervios exponencialmente. Lo que era un simple sueño se volvía cada vez más real, la posibilidad de correr mi primera Besoain estaba a solo dos días de ser real.


El punto de quiebre se da el día previo a la Competencia, un sábado, donde ya sabes que el equipo que está entrenando será el titular, donde ya no te preocupa si te van a sacar del equipo o no, donde solo te preocupa dar el 1000% de ti para poder salir campeón. Un entrenamiento donde la unión de los 12 corredores se marcaba más que nunca. Mirabas las caras de tus 11 compañeros dentro de la cancha y podías ver su convicción que al día siguiente darían todo lo que tenían para representar con honor a la 18. El broche de oro era cerrar la semana de entrenamiento con un almuerzo 18, instancia que permitía unirnos más que nunca y llenarnos de energía para correr en menos de 24 horas.


Llegaba otro de los momentos clave para cualquier corredor, el reconocimiento de cancha. Instancia que te permitía ver el predio donde competirías frente a cientos de personas. Caminando por el pasto de Colina podías sentir el nerviosismo de todas las Compañías presentes, donde podías ver como todos trataban de revisar que cada milímetro calzaran con lo que entrenaron por varios días.


Después de pasar una noche de nervios, donde cerrar un ojo parecía un desafío imposible llegaba el tan esperado día, uno que podría cambiar tu vida bomberil y la historia de tu compañía. Donde 17 Compañías de Agua y 5 Compañías de Escala saldrían a la cancha a dar la vida por tener el honor de levantar una Besoain.


Esas horas, no hay nada en el mundo que pueda quitarte los nervios cuando vas a buscar tu material, lanzas las tiras y enrollarlas de la manera más perfecta que lo has hecho en toda tu vida, tratando de eliminar todo margen de error posible. Te pones en formación con tus 11 compañeros y caminas a la cancha a dejar el material. El dolor de guata te recuerda a esas presentaciones cuando eras chico en el colegio, o todos esos momentos de nerviosismo por los que has tenido que pasar en tu vida. Pero todo se pasa cuando entras a dejar el material y escuchas a todos tus compañeros aplaudirte y gritarte, intentando entregarte toda la energía posible para correr al 1000%. Cuando pasan la lista y el Comandante te desea buena suerte, son momentos que uno apenas se acuerda, la cabeza solamente está pendiente al disparo, ese que daría el inicio a los dos minutos más importantes de tu vida, donde dar todo de ti no es suficiente.


Yo tuve la suerte de tener que pasar el muro, sector donde justamente se había posicionado la barra de la 18, lo que generaba que tanto mi ida como salida por ese sector contara con un impulso indescriptible, una energía que emociona y que demuestra de lo que está hecha la familia 18. 


Sin importar el resultado, correr la Besoain es algo que le recomendaría a cualquier persona. Algunos lo describen como, un mix de emociones que es adictivo. La mezcla de adrenalina con nervios no tiene palabras. Es algo único, que fuimos solamente 12 los afortunados los que tuvimos la suerte de vestir el 18 con valor y sacrificio.


Hay un mensaje que me quedará grabado de por vida en mi cabeza: “Equipo 18 Besoain 2024, avancen con valentía y convicción en el trabajo realizado”.



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