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SAN FÉLIX, UN LUGAR PARA TODOS

De 1981 a 2006

Existe coincidencia en el testimonio de los voluntarios de aquella época en que la fase que se inicia tanto con la construcción del cuartel San Félix como con las reparaciones que se realizaron en el primer galpón de la compañía fue uno de los momentos más dinámicos de la Decimoctava de ese entonces, ya que se produjo un impulso nunca antes visto en la gestión a partir del esfuerzo y los contactos de los propios voluntarios. Además también funcionaron, más allá de la imaginado al principio, tanto las actividades deportivas como la división de los voluntarios en los equipos amarillo y negro, lo que dio origen a una frenética carrera -“algunas veces al filo de la ley”, apunta con picardía más de alguien- para conseguir recursos y materiales.

 

En la construcción del nuevo cuartel, la 18 Compañía tuvo un importante apoyo en el entonces intendente del CBS Arturo Grez Moura, quien había sido designado por el Consejo de Oficiales Generales para la coordinación del proyecto y tomó contacto con el arquitecto de la Dirección General de Aeronáutica Arturo Elgueta Parodi, que realizó el diseño original y, luego, su posterior ampliación, teniendo a la mano tanto los planos de los cuarteles de bomberos que el Ministerio de Obras Públicas había construido en esos años (Segunda, Cuarta, Sexta, Octava, Novena y Duodécima compañías), como su propia experiencia profesional y el imperativo de que la nueva edificación respetara el entorno del barrio en que se emplazaba. La primera licitación de la obra fue declarada desierta y, en la segunda, en la que participaron tres empresas, fue adjudicada a Swinburn y Ossa.

 

De manera simultánea, agrupados en sus respectivos colores amarillo y negro, los voluntarios desarrollaban mejoramientos importantes -como pintura de los muros, instalación de soleras y pavimentación del acceso con asfalto- en el viejo galpón metálico, que luego sería destinado a sala de máquinas. Durante este período de remozamiento completo, la compañía se propuso no quedar fuera del servicio, por lo cual la Guardia Nocturna soportó condiciones de hacinamiento más rigurosas que lo habituales, mientras que la Junta de Oficiales debió sesionar en una pequeña bodega de materiales que se encontraba junto a la antigua torre de telecomunicaciones.

 

Entre las numerosas acciones emprendidas para lograr financiamiento, destacó la exhibición de películas para niños en el antiguo cine Las Condes, que era facilitado por José Daire, gerente de Chile Films. Las cintas las prestaba Mario Cuevas, gerente de la distribuidora MGM, y en cada matinée diversas empresas distribuyeron gratuitamente sus productos entre los pequeños y sus acompañantes. “Los aristogatos” fue la primera de estas funciones dominicales, las que resultaron todo un éxito, ya que además de llenarse el recinto con capacidad de 1.200 butacas, la totalidad de los recursos iban para las arcas de la compañía.

 

Posteriormente, cuando hubo que amoblar el nuevo cuartel, la gestión y el esfuerzo de los voluntarios también permitió mover numerosas voluntades. El histórico miembro honorario José Rabat aportó el mobiliario para las oficinas y salas de reuniones de oficiales; el mencionado intendente general Arturo Grez consiguió “un precio irresistible” por las cortinas de todo el cuartel en Linos La Unión, una empresa ligada a su familia; la Comandancia del CBS dispuso los muebles para la Guardia Nocturna y otras empresas contactadas, como Falabella y Jumbo, aportaron directamente en dinero.

 

En el camino, y ya en una carrera contra el tiempo para la pronta inauguración del nuevo cuartel, surgieron otras necesidades que no estaban contempladas en el proyecto original, como la instalación de adocretos en la terraza, que también fueron donados por Jumbo, o los arbustos, plantas, cubresuelos y árboles que se requerían tanto en el antejardín como en el patio interior, los cuales fueron aportados por Jardín San Damián. Los muebles del casino, recepción y testera de la sala de sesiones se encargaron al mueblista Carlos González, que debió soportar la presión de sus mandantes, mientras que las butacas para este mismo lugar de reuniones se consiguieron a muy bajo costo y provenían del ex cine Windsor, que en ese minuto estaba siendo desmantelado para construir un banco.

 

Tras once meses de trabajo, el 22 de noviembre de 1981 se cortó la cinta del nuevo cuartel de la Bomba Las Condes en presencia de las máximas autoridades comunales y del CBS, aunque, en rigor, las instalaciones habían sido inauguradas poco antes con la realización de la sesión solemne de ese año, en la que, por primera vez, los integrantes de la Decimoctava Compañía habitaron un edificio cómodo y a su propia medida, como sentían que les correspondía.

 

Casi doce años después, el 6 de septiembre de 1993, se inauguraría la ampliación del mismo cuartel, lo que significó aumentar en 180 metros cuadrados el espacio disponible. Estos trabajos tuvieron un costo de 15 millones de pesos de la época, casi un tercio de su valor real, ya que la obra fue diseñada y supervisada en todas sus etapas por los voluntarios, quienes contaron con aportes propios, de empresas privadas y del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

“La Dieciocho no es un bien tangible. No es ni un cuartel ni una bomba, ni tampoco la suma de los materiales  que tenemos. La Decimoctava somos nosotros, hombres y mujeres, padres, hijos, tíos, primos y amigos que desde nuestros corazones buscamos escribir un 18 más grande.

Pues camaradas, este es nuestro desafío, hacer de esta moderna construcción nuestra casa, plasmar en estos muros nuestro espíritu y esencia que nos hacen grandes y únicos.”
 

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