Antecedentes Históricos
Historia del Cuerpo de Bomberos de Santiago
La organización bomberil nace
históricamente en la Roma republicana del año 70 aC. A la caída del Imperio
en el siglo V de nuestra era, desaparecen durante el periodo de la Edad
Media las formas organizadas de combate contra incendios, las que reaparecen
junto con el Renacimiento del siglo XV. Un considerable desarrollo se
promueve en esta época, especialmente en los países sajones, que realizan
interesantes avances en equipos y técnicas de combate, lo que se reflejará
posteriormente en América del Norte, que en los siglos XVII y XVIII logra
consolidar una completa y bien equipada organización voluntaria contra
incendios, incluyendo entre sus integrantes al notable Benjamín Franklin.
En España, estos avances no
tienen una mayor trascendencia y ello se reflejará en la América Hispana, en
la cuál no existió una organización similar a la de las colonias del norte.
En Chile, el primer antecedente
de rudimentaria organización está en las instrucciones que el Gobernador de
Chiloé dispusiera a comienzos del siglo XLX y que obligaba a sus habitantes
a mantener en sus casas un odre lleno de agua para atacar el fuego en casó
de incendio.
La Independencia trae nuevas
ideas y José Miguel Carrera, presidente de la Junta, plantearía la necesidad
de contar con "una o dos bombas de incendio que puedan concurrir con
prontitud, que es el recurso más seguro y ya adoptado en los países cultos".
En los primeros tiempos de la
República la ocurrencia de un gran incendio en 1827 llevaría a un grupo de
ciudadanos, encabezados por los señores Benjamín Mackenna. Diego Barros y
Francisco Javier Urmeneta, a ofrecer organizar una compañía de bomberos.
Simultáneamente, el gobierno disponía que el Cabildo debería proveer de
elementos contra incendio a los serenos. Por diversas razones ambas
iniciativas no se concretaron.
Al crearse por don Diego Portales
los Batallones Cívicos, la unidad integrada por carpinteros, albañiles y
aguateros tomó a su cargo el servicio contra incendios, siendo conocido como
"el Batallón de la Bomba". Desdichadamente, con ocasión de los hechos
acaecidos en Santiago el 20 de abril de 1851 y los enfrentamientos a que
dieran lugar, el batallón de la Bomba fue diezmado frente al antiguo cuartel
de artillería en Miraflores y Alameda, cuando intervenía para restaurar él
orden junto a otras unidades leales al gobierno.
Las unidades de tipo municipal
que se organizarán posteriormente, tanto en Santiago como en Valparaíso,
serán sobrepasadas por los siniestros que en ambas ciudades ocurrirán y ya a
raíz del gran incendio del 15 de diciembre de 1850, un grupo de distinguidos
ciudadanos encabezados por don Tomás Ramos organizan una entidad voluntaria
que bajo el nombre de Cuerpo de Bomberos de Valparaíso nace oficialmente el
30 de junio de 1851, siendo la primera de su tipo en Chile.
El Trágico Incendio de la
Iglesia de la Compañía
En la ciudad de Santiago el
servicio contra incendios a fines de 1863, estaba en manos de una unidad
municipal, conocida cómo Batallón de Zapadores Bomberos, los que nada
podrían hacer ante la enorme tragedia que él día 8 de diciembre afectaría a
la capital.
Ese día se ponía final al Mes de
María y la iglesia de la Compañía de Jesús, ubicada en la intersección de
las calles Compañía y Bandera, era el centro de la atención pública. Desde
tempranas horas, una gran multitud había repletado totalmente sus tres
naves, que se encontraban fastuosamente decoradas con miles de luces, tules
y flores. Una chispa que saltó de una de las lamparillas tomó parte de los
adornos y pronto una llamarada subía al techo, desplazándose con rapidez y
comprometiendo en minutos al viejo edificio. La muchedumbre, integrada
mayoritariamente por mujeres, trató de escapar presa del pánico. El
hacinamiento y los largos trajes que la moda de la época imponían pronto
provocaron la caída de decenas de ellas, formando verdaderas barreras
humanas que bloquearon el escape al resto. Desde afuera se intentó
desesperadamente su salvamento, pero los medios escasos e ineficientes, nada
pudieron por impedir la catástrofe. A medianoche la tragedia se había
consumado y en las ruinas yacían cerca de 2.000 cadáveres, mientras afuera
la ciudad lloraba a sus muertos.
El diario “El Ferrocarril” del
día miércoles 9 de Diciembre señaló al respecto:
“No hay memoria en Chile de un
hecho más horriblemente trágico. Se nos erizaban los cabellos cuando
recordamos la espantosa catástrofe que hoy tiene sumidas en el luto a
centenares de familias. La ciudad entera no se da cuanta aún de tan horrible
desgracia.
La concurrencia, amagada por el
fuego, comenzó a huir. Las puertas no eran, sin embargo, suficientes para
darles paso. Cuerpo sobre cuerpo se formó una muralla compacta y numerosa.
Había mujeres que resistían el peso de diez o doce otras tendidas encima.
Era materialmente imposible desprender una persona de esa masa horripilante.
Los más desgarradores lamentos se oían del interior de la Iglesia.
Mientras tanto, el fuego había
llegado a la cúpula y tomado proporciones inmensas. En un momento, no era
más que un inmenso castillo de fuego y las llamas se comunicaban por la
techumbre.
Siguió entonces un cuadro
desgarrador. La concurrencia continuaba agolpándose a las puertas y estas
puertas no permitían la salida. Cincuenta brazos formidables no bastaban
para desprender a una infeliz de aquel montón que ya empezaba a recibir los
trozos de madera incendiados que se desprendían del entablado.
¡Presenciamos ese momento, pero
renunciamos a describirlo…!
Media hora después, toda la
extensión comprendida entre la puerta principal y el presbiterio, cubierta
de gente, casi todas infelices mujeres, ardía como un extenso lago de fuego.
Veíamos el movimiento de brazos
en la puerta pidiendo auxilio. Los gritos de las víctimas resonaban a dos
cuadras de distancia. Madres que abrazaban a sus hijas; hijas que miraban a
sus madres salvadas, inclinando sus cabezas con la resignación del mártir.
Las infelices no tenían siquiera la facultad de moverse. Si se hubiera
hundido la Iglesia en esos momentos, cuantos sufrimientos espantosos se
habrían evitado.
El fuego llegaba a las puertas.
Se hacía esfuerzos sobrehumanos para deshacer la masa de gente que se había
aumentado en ellas. Hombres robustos y fornidos vimos perecer, arrimados a
una de las puertas. Sus fuerzas eran insuficientes para deshacerse de la
multitud.
Los árboles de la plazuela fueron
cortados por las raíces y tomados del tronco, se extendió su ramaje encima
de los infelices que sentían ya las llamas sobre sus cabezas. Un instante y
las ramas se habían convertido en cenizas. Se tiraba del tronco y las
infelices quedaban con los ganchos ardiendo entre sus manos.
El fuego dominó la puerta
principal. La gritería cesó en un momento. Entre una masa densa de llamas se
distinguían cabezas que se inclinaban convertidas en tizones, cuerpos que se
movían imperceptiblemente y se desplomaban enseguida. Estatuas negras
arrodilladas conservaban su posición, pues el movimiento les había sido
imposible…
Todo había concluido ya. Eran las
ocho de la noche y el fuego dominando las alturas de la Iglesia, invadía los
campanarios. Un cuarto de hora bastó para que la torre de la derecha
desapareciera convertida en ceniza. Un momento después y el campanario había
corrido igual suerte.
¡Qué de lamentos llegaban hasta
el alma por las calles y por las casas! Cuántos, enloquecidos por el pesar,
querían precipitarse infructuosamente en las llamas para salvar a los que ya
era imposible distinguir de los escombros ¿Quién ha podido cerrar los
párpados tranquilos? Toda la población ha pasado la noche en vela. El
espanto se pinta aún en todos los semblantes. No hay casa, no hay familia
donde no reine la más cruel inquietud. ¡Desgraciados! Todos han perdido:
quien un padre, quien un hermano, quien un fiel servidor.
La catástrofe ha sido horrible.
Es preciso haberla presenciado para comprenderla en toda su extensión. Un
recuerdo doloroso se nos presentará por todos los días de nuestra vida.
¡Oh, que triste espectáculo
ofrece la población! Cómo disipar el dolor, ni la incertidumbre mil veces
más terrible que la muerte. Transcurrirán años de años, pasarán siglos y
Santiago conservará la memoria de tan terrible desgracia.”
Así terminó la relación que hace
el diario “El Ferrocarril” en su edición del 9 de Diciembre de 1863.
El Diario El Mercurio a su vez
comentó:
"Ah, cuánta necesidad hubo en
ésos momentos de una asociación como la de los bomberos de Valparaíso",
criterio que ratificaba la Voz de Chile al agregar: "Lo doloroso y terrible
de la impresión que embarga casi el ejercicio de las facultades, debe
servirnos de advertencia y de consejo para que desde ahora se creen o
fomenten instituciones benéficas indispensables y salvadoras como la de los
Bomberos de Valparaíso, cuya falta deploramos en medio del estupor y terror
de anoche".
Dos días más tarde llegó la
respuesta, cuando los santiaguinos leyeron en el Diario El Ferrocarril:
"Al público: Se cita a los
jóvenes que deseen llevar a cabo la idea del establecimiento de una Compañía
de Bomberos, para el día 14 del presente a la una de la tarde, al escritorio
del que suscribe. José Luís Claro".
Nace el Cuerpo de Bomberos
de Santiago
El interés del vecindario superó
las expectativas de don José Luís Claro y ese día se repletaba su oficina de
entusiastas jóvenes. No solo se podía fundar una compañía sino que había
suficiente para organizar todo un Cuerpo. Se resolvió realizar por tanto una
segunda reunión para el día 20 de ese mes, para aprobar los estatutos y
organización de la Institución. El día 20 de Diciembre de 1863, en el
Salón de la Filarmónica ubicado en el Portal de Sierra Bella, se firmaba el
Acta de Fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago.
"En Santiago de Chile, a veinte
días del mes de Diciembre de mil ochocientos sesenta y tres, a consecuencias
del voraz incendio del templo de la Compañía, que en la tarde del ocho del
corriente arrebató a Santiago dos mil madres e hijas de familia, numerosos
vecinos de esta ciudad se han reunido espontáneamente en los salones del
Casino, con el propósito de formar un Cuerpo de Bomberos Voluntarios que
prevenga en lo futuro, desgracias de igual origen. De común acuerdo
convinieron adoptar en general para este Cuerpo, la organización y régimen
del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso y organizar desde luego tres compañías
de bombas, con las denominaciones del ORIENTE, del SUR y del PONIENTE y una
compañía de GUARDIA DE PROPIEDAD.
(firmado) José Besa, M.A. Matta,
A. Custodio Gallo, Enrique Meiggs".
Ese día 20 de Diciembre las
compañías eligieron a sus Directores, quedando como Director de la compañía
del Oriente don José Besa, de la del Sur don Manuel Recabarren, de la del
Poniente don Enrique Meiggs y de la Guardia de Propiedad don Manuel Antonio
Matta. Este Directorio eligió a los siguientes Oficiales Generales para
regir los destinos del Cuerpo:
Superintendente: Don José Tomás
Urmeneta
Vicesuperintendente: Don José
Besa
Comandante: Don Angel Custodio
Gallo
Vicecomandante: Don Agustín
Prieto
Secretario General: Don Máximo
Arguelles
Tesorero General : Don Juan T
Smith
Los primeros
tiempos fueron difíciles ya que hubo que crear, organizar y sobre todo
financiar. A los pocos días nuevos grupos humanos pedían su incorporación a
la Institución. El 30 de diciembre se creaba la Primera de Hachas dirigida
por don Adolfo Eastman y en Enero 18 y 19 se organizaban, por la
colonia francesa residente, una 2ª de Hachas y una 4ª de Bombas.
Al finalizar 1964, el Cuerpo de Bomberos de Santiago presentaba su
primer Ejercicio general al Presidente de la República don José Joaquín
Pérez, vistiendo sus coloridos uniformes, con blusas tipo Garibaldi
rojas y azules para distinguirse entre sí en los incendios
Las compañías fueron designadas
como la Primera de Bombas (Oriente), Segunda de Bombas (Sur), Tercera de
Bombas (Poniente), Cuarta de Bombas (Francesa), Primera (7ª) y Segunda de
Hachas (7ª) y compañía Guardia de Propiedad (6ª).
Organización
Junto con la
instalación del Directorio, se organizaron las cuatro Compañías que
inicialmente formaron el Cuerpo de Bomberos de Santiago.
La 1ª Compañía,
denominada del Oriente, quedó organizada definitivamente el 22de Diciembre
de 1863.
La 2ª Compañía,
llamada del Sur, se instaló de inmediato el 20 de Diciembre de 1863.
La 3ª Compañía , del
Poniente, quedó constituida el 28 de Diciembre de 1863.
La compañía de GUARDIA
DE PROPIEDAD, hoy 6ª Compañía, se organizó definitivamente el 06 de Enero de
1864.
Días después, el
personal de la Compañía de Gas de Santiago, resolvió fundar una Compañía de
Bomberos Anglo-Chilena, pero, por indicación del Directorio, formaron la 1ª
Compañía de Hachas, Ganchos, Escaleras, que corresponde a la actual 8ª
Compañía, constituyendo el 30 de Diciembre de 1863.
Con el aporte de la
colonia Francesa se organizaron dos nuevas Compañías. El 18 de Enero de
1864, se constituyo la 2ª De Hachas, Ganchos, Escaleras, actual 7ª Compañía
y al día siguiente, 19 de Enero, se formó la 4ª Compañía de Bombas.
El gobierno entregó al
Cuerpo, para la instalación de las Compañías, el local destinado al cuartel
de Húsares, situado en la calle del puente, el cual fue reparado y
acondicionado para instalar allí las Compañías. La Compañía del Oriente,
ocupo la parte más del sur, frente a la calle del puente, al costado del
actual edificio del Correo. La Compañía del SUR fue instalada en el cuartel
arreglado en la esquina de las calles Puente y Santo Domingo con frente a
puente. Para la Compañía del PONIENTE, se habilito un edificio en el centro
del solar, con salida a la calle Puente. La Compañía de Salvadores y Guardia
de Propiedad y la 1ª de Hachas, Ganchos y Escaleras, se establecieron en la
parte del local que tenia frente a la calle Santo Domingo. Las Compañías
francesas, 4ª De Bombas y 2ª De Hachas, Ganchos y Escaleras, ocuparon un
local arrendado a las Monjas Agustinas, en Ahumada y Agustinas. En 1877
fueron trasladados al Cuartel General, quedando ubicados en los nuevos
edificios que se construyeron por el costado de calle Santo Domingo.
Material Mayor
En sus primeros años
de vida, la Institución solo contó con escasos y deficientes elementos de
trabajo. La Municipalidad de Santiago entregó el material contra incendios
de la disuelta Brigada de Zapadores, consiste en dos Bombas a Palanca, dos o
tres bombines de dos ruedas y otros accesorios. Para mejora el material, el
Directorio encargó a Estados Unidos, una Bomba a Palanca y un Carro con
Escalas, a la vez que contrató en Valparaíso la construcción de otro carro
de escalas.
A indicación de don
Enrique Meiggs, el Director acordó pedir una bomba a vapor en lugar de la de
Palanca, pero la comunicación de este cambio llegó a la fábrica cuando los
trabajos de construcción de esa máquina ya se había iniciado.
En noviembre de 1864,
llego al país la Bomba de Palanca, que fue asignada a la 3ª Compañía. A
comienzos de 1865 arribó a Valparaíso el barco que traía la Bomba a Vapor.
Trasladada a Santiago fue entregada a la 1ª Compañía el 22 de Enero de ese
mismo año, a la que se dio el nombre de “La Central”, llamada también “La
Ponka” y fue la primera máquina en su género en América del Sur. A fines de
1864, el Cuerpo de Bomberos de Santiago realizó su primera presentación
pública, efectuando un ejercicio demostrativo frente a la Iglesia de la
catedral. Los Voluntarios lucían vistosos uniformes con blusas rojas o
azules, modelo Garbillado, para distinguirse entre sí en los incendios.
Grandes Incendios
El bautismo de fuego
del Cuerpo, se produjo el 31 de Marzo de 1864, tres meses después de la
fundación. Un incendio ocurrido en una casa de la calle Ahumada, aunque de
escasas consideración, marcó el punto de partida de los servicios que por
más de 120 años ha prestado la Institución a la comunidad.
El primer siniestro de
proporciones que debió afrontar la novel asociación, ocurrió la noche del 07
de Junio de 1864. A las 20:30 horas se dio la alarma de incendio en la
propiedad del convento de las Monjas Agustinas. Una ardua labor debieron
sostener los Bomberos, en la cual varios Voluntarios resultaron heridos.
Uno de los más grandes
incendios del siglo pasado, fue el que se produjo en el Portal de Sierra
Bella, ubicado en el mismo lugar que hoy ocupa el Portal Fernández Concha,
en el costado sur de la Plaza de Armas entre Ahumada y Estado.
La alarma fue dada
poco antes de la medianoche del 31 de Mayo de 1869. El fuego se propagó con
rapidez y en pocos momentos, todo el frente del edificio entre las calles
Estado y Ahumada, se convirtió en una inmensa hoguera, imposible de ser
combatida con los escasos elementos que entonces poseía el Cuerpo de
Bomberos.
La falta casi absoluta
de agua, debido a trabajos que se realizaban en esos días en las acequias
del sector, dificulto grandemente el trabajo de los Voluntarios. Cerca de la
medianoche se anunció que se había declarado otro en la calle Bandera y
Compañía, en el edificio ocupado por la imprenta del diario “El Ferrocarril”
y la Curia Eclesiástica.
Por primera vez en su
historia, el Cuerpo debía enfrentar dos incendios casi simultáneos. Se
ordeno a algunas Compañías recoger su material y trasladarse al lugar del
nuevo siniestro. A pesar de que tanto la Imprenta como la Curia, estaban
totalmente invadidas por el fuego, se pudo detener el avance de las llamas y
salvar las propiedades vecinas. El trabajo de ambos incendios se prolongo
hasta pasada las 07:00 horas de la mañana.
El mismo día y mes de
la tragedia del templo de la Compañía, pero siete años mas tarde, el 08 de
Diciembre de 1870, la Ciudad de Santiago presencio de grandes proporciones,
el incendio del Teatro Municipal. Según relatos, cuando termino el
espectáculo, al caer el telón de boca, el fuerte contrapeso de sus extremos
rompió la cañería de gas de alumbrado. Personal del teatro recorrió el
escenario buscando la avería y posiblemente, la llama de un farol encendió
el gas acumulado.
Las instalaciones del
proscenio, por donde empezó el incendio, sirvieron de poderosos elementos
para la propagación del fuego y muy pronto las llamas se comunicaron a la
sala y todo el edificio fue presa de ellas. La rapidez con que se extendió
el fuego y el gas que escapaba por las cañerías averiadas, atraparon en el
interior al teniente Germán Tenderini y al Voluntario Arturo Villaroel,
ambos pertenecientes a la Compañía de Salvadores y Guardia de Propiedad y a
Santos Quintanillas, empleado del teatro, que se había internado hacia el
escenario para intentar sofocar el foco del incendio. El Voluntario
Villaroel logro escapar semi asfixiado hacia el exterior, pero Tenderini y
Quintanilla encontraron horrorosa muerte entre las llamas.
La mañana del día 10,
entre los escombros humeantes, se encontraron los restos calcinados del
teniente 3º Germán Tenderini y cercano a el, los restos de Santos
Quintanilla. Este incendio, además de marcar una jornada memorable por el
esfuerzo desplegado para extinguirlo, señala también una jornada dolorosa
para el Cuerpo de Bomberos de Santiago, la primera en que uno de sus hombre
sacrifica su vida en el cumplimiento del deber.
En los inicios de
1880, el desarrollo de las operaciones bélicas entre Chile y Perú,
concentraba la atención de la ciudad de Santiago. A las 09:00 horas de la
mañana del 27 de Enero, una gran explosión produjo un violento incendio en
el Cuartel de Artillería, que servia de parque y maestranza de
aprovisionamiento del ejército. Dos de sus departamentos habían volado,
produciendo horrible muerte a los obreros que allí trabajaban y las
detonaciones de las explosiones produjeron la consiguiente alarma en la
ciudad y pánico entre los habitantes de las inmediaciones del Cartel, que
huyeron despavoridos en todas direcciones en busca de seguridad. Al poco
rato llegaron los Voluntarios del Cuerpo de Bomberos y penetraron hasta el
patio, entre estallidos de proyectiles y granadas, armando rápidamente su
material y atacando de inmediato el incendio. Cerca de las 11:00 horas, la
situación era de gran peligro y las llamas lamían los muros del polvorín,
cuya explosión podía destruir varias manzanas a la redonda. El arrojo con
que los Bomberos cumplieron con su deber pudo mas que el fuego y tras horas
de rudo e incesante trabajo, el incendio fue dominado y se comenzó la
remoción de escombros y extracción de cadáveres. Nunca, como en esa ocasión,
Santiago ha estado expuesto a un peligro más grave y por ello el servicio
que el Cuerpo le prestó es el mas señalado de toda su existencia. La patria
toda, beneficiada por el trabajo del Cuerpo, que gracias a su labor se salvó
el material bélico con que contaba para proveer a su ejército en campaña.
Con motivo de la
crisis política del año 1891, el Ministerio del Interior prohibió que se
tocase la campana del Cuartel General y las demás que habían en la ciudad
para el anuncio de los incendios. A esta causa, es imputable la gran
magnitud del incendio que ocurrió el día 04 de Junio en el gran edificio de
la Unión Central, situado en calle Ahumada esquina de Agustinas, donde el
fuego consumió valiosas propiedades en dos de las mas importantes manzanas
del centro comercial de Santiago. El fuego fue advertido poco antes de las
03:00 horas y se dio aviso del siniestro al Cuartel General, pero como
estaba prohibido el uso de la campana, el Cuartelero trato de avisar al
Comandante por teléfono, sin conseguirlo. Solo una hora más tarde se obtuvo
el permiso de llamar a los Bomberos a cumplir con su deber. A esa hora,
cerca de las 04:00 horas, la inmensa hoguera parecía invencible. El fuego
había saltado a los edificios de la manzana de enfrente de Ahumada donde
empezó y avanzaba rápidamente hacia el sur en uno y otro lado de la calle.
Ardían propiedades por calle Moneda, por calle Agustinas y por Ahumada en
una extensión de una cuadra, aparte de los edificios de enfrente de esta
calle inflamada por el calor. Para los Bomberos, era poco menos que
imposible avanzar para contener el fuego porque la voracidad del incendio
convertía en vapor de agua los gruesos chorros con que se le atacaba y
seguía avanzando insaciable en su tarea de devastación. Se trabajó en
defender las propiedades más retiradas y se circundo el incendio, batallando
desde distintos lugares arrojando tantos chorros de agua como fue posible
disponer.
Después de varias
horas, se pudo contener el fuego y comenzó el avance para poder dominarlo.
Se trabajo durante todo el día y después de veinte horas de dura tarea,
algunas Compañías se retiraron a sus Cuarteles. Durante los días 5 y 6 se
continuó la labor de extinguir los escombros y demoler los muros que
amenazaban derrumbes. No hubo desgracias personales que lamentar con
excepción de ligeras contusiones. No ocurrió lo mismo con el material,
resultando las Compañías con pérdidas o destrucción de parte de sus
elementos de trabajo.
De los grandes
incendios ocurridos durante la época en estudio, el del Colegio de los
Padres Franceses, ocurrido el 07 de Enero de 1920, es uno de los mayores,
tanto por la extensión que alcanzó, como las pérdidas materiales que
produjo. El edificio ubicado en calle Padura, hoy Almirante Latorre, estaba
construido con un techo único, sin que ninguna muralla corta fuego aislara
una sección del edificio de otra. El fuego que comenzó en calle Padura, en
pocos momentos tomó grandes proporciones avivado por el fuerte viento y por
la gran chimenea del estrecho que elevó las llamas hasta la Capilla. El
incendio era tan grande, que los Bomberos se veían impedidos de acercarse el
edificio sin riesgo de perecer y la alta temperatura producía la evaporación
del agua de los pitones antes de alcanzar su objetivo. La labor del Cuerpo,
fue en extremo difícil y debió concretarse a impedir el avance del fuego
hacia los edificios vecinos y parte del colegio que aun no estaban
comprometidas. En los primeros momentos del siniestro, un grupo de
Voluntarios de la 3ª, 6ª, y 7ª Compañía se vio acosado por las llamas en tal
forma, que no tuvieron otro recurso que dejarse caer a la calle desde el 2º
piso. Los Voluntarios Florencio Bahamondes de la 3ª; Alejandro Acosta de la
7ª; José Miguel González de la 8ª y el auxiliar José López de la 6ª. Habían
sufrido horribles quemaduras y gravísimas lesiones que hacían temer por sus
vidas. El Voluntarios Bahamondes falleció al día siguiente y ocho días
después, el 15 de Enero le seguía Alejandro Acosta. El Voluntario González y
el Auxiliar López, se recuperaron de largos meses de hospitalización.
Otras Grandes Jornadas
En múltiples
oportunidades, le ha correspondido al Cuerpo, actuar en diversas situaciones
que afectaron tanto a la ciudad como al país y su labor ha merecido el
reconocimiento de las autoridades y de la ciudadanía toda. Los
acontecimientos de orden internacional que en 1865 se produjeron en Chile,
con motivo de la guerra con España, dieron ocasión para que el Cuerpo de
Bomberos de Santiago concurriera en apoyo de su congénere de Valparaíso,
ante el anuncio de que ese puerto seria bombardeado por la escuadra española
el 31 de Marzo de1866. El directorio dispuso el traslado de las Compañías
1ª, 2ª y 3ª de Bombas y 1ª de Hachas, quedando para la custodia de Santiago
solo la Guardia de Propiedad y la 4ª de Bomba y 2ª de Hachas; estas últimas,
formadas por ciudadanos franceses. La labor de los Voluntarios santiaguinos
fue muy eficiente, correspondiéndoles una valiosa participación en la
extinción de los siniestros provocados por el bombardeo.
El año 1879, durante
la Guerra del Pacífico, el Cuerpo ofreció sus servicios, al gobierno
organizándose como Cuerpo de Bomberos Armados el 04 de Abril de 1879. Se
exceptuaron la 4ª Compañía de Bombas y la 7ª de Hachas por estar integradas
por ciudadanos franceses. La actuación de la asociación se limitó a cubrir
guardia en los Cuarteles de las tropas movilizadas, en la cárcel y a prestar
ayuda en el traslado de los heridos que eran triados del campo de batalla.
Al finalizar el año
1880, este Cuerpo de Bomberos Armados fue puesto en receso, con expresiones
de gratitud por parte de las autoridades públicas.
En Enero de 1887, se
declaró en Santiago una epidemia de “cólera morbus”, flagelo que había hecho
presa de algunas ciudades Argentinas. Ante la emergencia, el Cuerpo acordó
ofrecer al Gobierno todo su concurso en la campaña para combatir la
epidemia. La labor de Bomberos fue digna de aplausos. Con absoluto
desinterés de su persona, Voluntarios y Auxiliares desempeñaron diversas
tareas y prestaron atención médica a las personas atacadas por el terrible
mal.
Tras la caída del
gobierno del Presidente Balmaceda luego de la Guerra Civil de 1891, se
produjo la desaparición del poder y la policía de Santiago se disolvió,
situación que fue aprovechada por individuos descontrolados que provocaron
desordenes, robos y destrucción. El Cuerpo de Bomberos de Santiago se
constituyo en Guardia de orden y durante muchos días, con el fusil en manos,
contuvo desmanes y presto apoyo a los débiles y vencidos, sin otra mira que
restablecer el orden y la tranquilidad pública.
El 22 de Octubre de
1905, se produjo un gran huelga que derivó en violentos incidentes. El
ejército se encontraba en maniobras y la fuerza de política era escasa. El
Cuerpo ofreció sus servicios al Gobierno como Guardianes del Orden en
cooperación a la obra de la policía de seguridad y durante dos días y dos
noches, ayudaron a mantener el orden en el centro de la ciudad.
La noche del 16 de
Agosto de 1906, la ciudad de Santiago fue sacudida por un violento
terremoto. En Valparaíso el sismo adquirió caracteres de catástrofe, tanto
por el número de personas que fallecieron, como por los daños en la ciudad.
Luego del terremoto se declararon varios incendios que no pudieron ser
combatidos con eficiencia, por la confusión reinante por un lado y porque el
material de las diversas Compañías del Cuerpo de Bomberos habían quedado
bajo los escombros de los cuarteles derrumbados. Ante la crítica situación,
el gobierno solicitó al Cuerpo de Bomberos de Santiago el envío de hombres
para prestar auxilio a la población. Se organizó una expedición formada por
100 hombres de las diversas Compañías, en cabezadas por el Superintendente
don Ismael Vergara que emprendió viaje la mañana del día 19 de Agosto. Tras
un penoso viaje, el grupo expedicionario llego al día siguiente en tren
hasta la estación Barón del puerto, donde los Voluntarios fueron puesto a
las órdenes de la autoridad militar. Muy luego les toco actuar en un
violento incendio declarado en la Avda. Brasil, ayudando a los Voluntarios
porteños. Después se destino al grupo a la penosa tarea de sepultar
cadáveres en el Cementerio Nº 1, a extraer víveres de las bodegas
derrumbadas, a custodiar mercaderías que se hallaban hacinadas en el sector
del puerto, a apagar escombros de los incendios que se habían producido
luego del sismo y a otros trabajos de no menor importancia. Restablecida la
normalidad en la ciudad, los Voluntarios iniciaron el regreso el día 22 de
Agosto en la mañana. Este viaje fue tan accidentado como el anterior,
llegando a Santiago en la tarde del día 23 una parte del grupo y en la noche
la otra.
Voluntarios Ilustres
Muchos son los
Voluntarios distinguidos que han pasado por las filas del Cuerpo. Hemos
querido destacar de algunos de ellos, quizás los que más señalados servicios
han prestado a la Institución:
1) Don José Tomas
Urmeneta, Primer Superintendente del Cuerpo desde 1863 a 1865.
2) Don Antonio Varas,
Ministro de Estado, Superintendente del Cuerpo desde 1866 a 1869, Director
Honorario en 1870.
3) Don Aníbal Pinto,
Presidente de la República, Superintendente en 1884, falleció en Junio de
ese año.
4) Don José Besa,
Fundador de la 1ª Compañía. Desde la fundación del Cuerpo, en que fue
designado Director de la Bomba del Oriente, Hasta el año 1882, en que dejó
el cargo de Superintendente del Cuerpo, el Sr. Besa vivió consagrado a su
servicio. Fue designado Director Honorario en 1881.
5) Don Francisco
Bascuñan Guerrero, Voluntario de la 3ª Compañía, Comandante del Cuerpo en
1866 y Vicesuperintendente en 1867. El Cuerpo le debe la primera torre del
Cuartel General.
6) Don Enrique Mac
Iver R., Voluntario de la 2ª Compañía. En 1874 fue elegido Vice Comandante.
Vicesuperintendente y Superintendente en 1867. Alternativamente, desde 1889
hasta 1893. Fue designado Director Honorario en 1904.
7) Don Pedro Montt,
Presidente de la República, Voluntario de la 6ª Compañía, Secretario General
desde1875 a 1883. Falleció en el ejército de su cargo como Primer Mandatario
en 1910.
8) Don Ismael Valdés
Vergara, Fundador de la 5ª Compañía, Secretario General, Vicesuperintendente
y Superintendente por espacio de 12 años consecutivos, desde el 1896 a 1907.
9) Don Enrique
Phillips H., Voluntario de la 1ª Compañía, Comandante del Cuerpo desde 1899
a 1906, Vicesuperintendente en 1912 y Superintendente desde 1927 hasta su
fallecimiento el 11 de Enero de 1930. Como Comandante creo la primera
central de Alarmas del Cuerpo en el año 1905.
10) Don José Luis Claro, Fundador
del Cuerpo y Voluntario de la 3ª Compañía. En 1863 fue Capitán y más tarde
su Director. Se desempeñó como Vice Comandante y Vicesuperintendente del
Cuerpo. Fue designado Director Honorario en 1897.
11) Don Alfredo Santa
María Sánchez, Voluntario de la 5ª Compañía. Comandante desde 1924 hasta
1939. Superintendente desde 1944 a 1946 fallecido en el ejercicio de su
cargo. Designado Director Honorario en el año 1929.
12) Don Máximo Humbser,
Voluntario de la 5ª Compañía, Comandante desde 1940 hasta 1943 y desde 1951
hasta el 22 de Agosto de 1944.
REFERENCIA:
Apuntes del Curso “Historia del Cuerpo de Bomberos de Santiago”,
preparado por Antonio Márquez A., Voluntario Honorario 14ª Compañía.