Soy bombero, con las llamas y
los libros puedo
Fuente El Mercurio
Economía y Negocios
Febrero 23, 2006

Fotos: DANIELA GUGLIEMETTI
Diez uno, diez dos, diez tres. No son las notas de
los universitarios voluntarios, son los llamados en clave bomberil. ¿Cómo lo
hacen para mantener sus promedios?
Por Matías Infante Middleton
Podría ser un trabajo como cualquiera si no fuera porque se despiertan al
alba y se acuestan tarde, trabajan horas extra y también los festivos. Y por
todo eso no reciben un sueldo.
Y es que para los voluntarios no es una cuestión de costo de oportunidad: lo
suyo es un servicio que no se convierte en billetes. "De hecho, nosotros
tenemos que pagar por ser bomberos una cuota mensual. Pero la plata no tiene
nada que ver acá, es una retribución que no tiene precio", lanza de entrada
Daniel Fuenzalida, voluntario de la Decimocuarta Compañía. Si el servicio
fuera remunerado, mucha gente entraría por plata, piensan.
La
vocación es más fuerte. Lo que suena a lugar común es, para los jóvenes
bomberos, una máxima. Un estilo de vida que los lleva a enfrentar peligros
con cada llamada, sin importar si en ese momento estaban durmiendo,
estudiando, o compartiendo con la familia, polola o amigos. "Cuando rescatas
a alguien, le estás asegurando la calidad de vida para el futuro, y eso se
agradece. Se forma una vocación de servicio que es gratificante", explica
Ivo Zuvic, de la 20.
Al ser bombero se hacen grandes amigos para toda la vida, se aprenden
primeros auxilios y cosas "que sólo se ven en la tele", como sentencian
varios. Además, en las guardias (turnos nocturnos) se pasa más que bien:
dependiendo de la compañía, hay televisión, Playstation, DVD, mesa de pool,
computador, más de una decena de compañeros con ganas de amenizar la
jornada... y hasta piscina.
Pero se corren riesgos. Después de todo, en cada incendio o rescate al que
concurren, algo malo puede pasar. En 2005, fueron 21 los voluntarios que
resultaron heridos, y 3 los muertos, sólo en la Región Metropolitana. Para
estos casos, existen seguros que cubren el tratamiento médico completo, y
los costos funerarios del mártir, como denominan a sus caídos.
Pero, ¿y los estudios?
Hay
otra cosa en que los voluntarios coinciden: la vocación requiere de tiempo.
Bastante tiempo. "Es como estar con diez amigos más. Por eso cuando tengo
pruebas no voy a la bomba, no alojo ahí", explica César Vargas, voluntario
de la Quinta Compañía y estudiante de Construcción Civil. Algunos prefieren
llegar con "las tareas hechas", para no ser interrumpidos. Las guardias van
desde las 12 y media de la noche hasta las 7 de la mañana. Lo más común es
que quienes estudian organicen bien su horario para poder rendir en la
universidad. El tiempo es fundamental, y saber administrarlo es la clave.
A Ivo Zuvic le cuesta un poco más: es parte de la guardia permanente de la
20, y lleva viviendo ahí 4 años. Estudiar entre tantas distracciones es, por
lo tanto, un asunto difícil y que le arranca más de una risa cómplice. "Es
pura fuerza de voluntad. Puedes estar con tus compañeros hasta las 3 de la
mañana, o puedes ser responsable y estudiar", sentencia.
Las licencias son la última carta para los voluntarios en caso de que por
razones de fuerza mayor no puedan asistir a la guardia u otra citación
obligatoria. Las solicitudes escritas son vistas por el capitán de la
compañía, quien las concede. Todos aseguran que nunca han bajado sus notas.
Los trasnoches son un tema aparte. Hay veces que simplemente "pasan de
largo" cumpliendo el deber, y los estudios son los principales afectados. Y
hay quienes trabajan al mismo tiempo, como Macarena Lorca, de la 18. "En la
pega no me dejaban salir si había llamada", dice.
¿Bomberas?
Sí. Las mujeres también le tienen ganas al fuego. Anna Milán es una de las 5
bomberas que hay en su compañía, la 19. "Somos igual de esforzadas. Aunque
no tenemos tanta fuerza, hay cosas que podemos hacer mejor que los hombres",
dice. ¿Ha habido pololeos? "Sí, claro", responde maquinalmente, delatándose.
"Un compañero murió"
Luis Paredes tiene 17 años y pertenece a la Primera Compañía de Bomberos de
Melipilla.
El 10 de diciembre de 2005 colaboraba en la extinción de un incendio
forestal en el cerro Sombrero de la misma localidad cuando, en cosa de
segundos, cambió la dirección del viento y se vio encerrado entre cuatro
paredes llameantes. "Salté por entre las llamas y caí encima de unas piedras
calientes. Al intentar pararme, me quemé las manos, las piernas y la cara.
Un compañero murió aquel día por las mismas razones, en ese mismo incendio",
dice con voz sombría.
Pero Luis lleva la vocación de servicio en la sangre, y
espera volver a la bomba en dos o tres años más, cuando termine el
tratamiento de sus graves heridas.
REQUISITOS
PARA SER bombero
es necesario haber cumplido 18 años, no tener antecedentes penales y contar
con salud compatible con el servicio. Algunas compañías exigen, además, una
prueba práctica y otra teórica, y un examen médico.