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Nuestro primer curso en Texas A&M

A 10 años de una experiencia que nos abrió los ojos

 

En 1996, poco antes de ir a los Juegos Olímpicos de Atlanta, viajé junto a un grupo de siete bomberos a la Universidad de Texas A&M en College Station para tomar parte en un curso de Materiales Peligrosos. La experiencia nos dejó mucho más que lo aprendido en esos cinco días.

 

Por Marco Antonio Cumsille
 


Como muchos de los bomberos, fui educado en una cultura donde el mito de ser bombero voluntario superaba con creces la realidad del servicio. Aquello de que los chilenos éramos valientes, que atacábamos los incendios desde dentro, mientras afuera preferían atacar desde fuera, que la toalla era lo mejor para combatir los efectos del humo, que la neblina y el pitón girado vertiginosamente era la mejor y más moderna técnica para combatir incendios lo escuché y repetí muchas veces sin demasiados juicios críticos.


College Station es una ciudad satélite, que gira en torno a una universidad, cuyas siglas A&M corresponden a Agricultura y Mecánica, y donde existe uno de los campos de entrenamientos más extensos del mundo.

 

Vista aérea del campo de entrenamiento de la Texas A&M (agrandar)


Hasta allá viajamos algunos integrantes del Cuerpo de Bomberos de Santiago, y lo que vimos en esos días nos llamó poderosamente la atención, básicamente porque nos tocó constatar una realidad diferente y compartir con bomberos de toda Latinoamérica, especialmente Venezuela, México, Brasil, Argentina y Perú, entre otros, de los cuales comprobamos muchas cosas importantes.


Para la delegación oficial de la 18ª, compuesta por Claudio Roblero y Patricio Leal, y para la no oficial, integrada por el hoy director Guillermo Pinto y el autor de estas líneas, la experiencia sería muy impactante.


Salimos de Santiago compartiendo con otro grupo de voluntarios, el capitán de la 17ª Leonel Sánchez, y los voluntarios Mario Huerta y Mario Hernández, a quienes se sumó posteriormente el primerino Sergio Román. Los siete mencionados en primer lugar íbamos derechitos al curso Hazmat, y Román lo haría al curso de Combate de Incendios.

 

El libro de anécdotas del viaje crecería en la misma proporción al tamaño de la comitiva, pero lo esencial no estuvo ni en recorrido, ni en la visita a la Nasa, sino en las lecciones que simples bomberos chilenos pudieron extraer de aquella primera experiencia. Todos los viajantes, salvo Leonel Sánchez, vivíamos por primera vez la experiencia de una escuela de bomberos formal y por lo tanto, no dejamos de maravillarnos con lo allí constatado.


Como no se puede reflexionar en nombre de toda la delegación, me permito apuntar aquí algunos de los puntos que nos impactaron y que de alguna manera iban a marcar la historia de la 18ª en la década siguiente. No en vano, coincidió que tres de los cuatro integrantes dieciochinos ocuparíamos cargos de director y capitán en los años posteriores, incluso coincidiendo dos de ellos (Pinto y el suscrito) simultáneamente en los máximos cargos directivos de la Decimoctava.

 


El efecto Texas, y no en menor medida el de TTCI en Colorado, generó un sembrado fértil en más de una treintena de voluntarios que tuvieron el orgullo y el privilegio de representar a nuestra Dieciocho, a través de cursos de todo tipo, desde el área Fuego hasta el rescate, sin obviar la capacitación Hazmat, que en su grado máximo llegó hasta cursos de Técnicos certificados por la OSHA en la TTCI.

 


El breve resumen siguiente, apunta a las líneas generales de la experiencia, un legado que nos cambió definitivamente.
 


Lo que nos dejó Texas A&M 1996

1. Descubrimiento: No solamente por los escenarios que estaban en la universidad (más de 90 de todo tipo), sino por toda la inteligencia, el conocimiento y los mundos (comerciales y educativos) que rodeaban al evento, nos impactó y nos hizo entender la existencia de otras realidades. No hay que olvidar que por entonces (apenas hace diez años), Internet no era la ventana de hoy y constatar estos mundos impactaba. Hoy puede parecer ingenuo, pero no todos tuvimos la suerte de informarnos o bajar los manuales desde www.bomba18.cl o de cualquier sitio bomberil del mundo.
 

2. La toma de conciencia: Después de una semana de clases, en rigor, cuatro días y medio, nos abrimos a la idea de que no podíamos seguir encarando el trabajo bomberil con el espíritu amateur de siempre. Era perfectamente posible mejorar nuestro nivel de servicios, atendiendo a nuestros recursos físicos y humanos. El fenómeno bomberil, voluntario o pagado, debía tener un nuevo enfoque y nosotros nos sentíamos con deseos de desarrollarlo más allá de las “improvisaciones virtuosas” de las que tanto nos jactábamos en Chile.

 


 

3. La comparación: Durante esa semana compartimos con bomberos y brigadistas industriales de Latinoamérica. Pudimos medirnos en lo humano y en lo profesional. En lo esencial, fuimos todos iguales, pero creo que nuestro matiz de diferencia era que no estábamos allí porque nuestro jefe nos obligó. Asistimos porque nos interesaba. Ese toque voluntario, nuestra decisión de ser bomberos porque nosotros queremos, es también parte de nuestra fortaleza para intentar saber más y ser mejores en todo. No es que seamos superiores o inferiores a nadie, pero tenemos en nuestra conciencia un juramento que nos obliga a responder con lo mejor.
 

4. La voluntad de cambiar: El tema nos rondó a casi todos los que fuimos. La opción era: “¿Volvemos a Chile a guardar los libros y a exhibir el cartón, o de verdad tratamos de aplicar lo que aprendimos, aunque se nos tilde de “snobs?”. Obviamente, nuestra opción fue la primera, una opción que aún hoy no es enteramente entendida, incluso por algunos de quienes viajaron aquella vez, que hacen mofa de nuestra intención de aprender tildándonos de compañía “arround the world”. Pero es problema de ellos. Una de los efectos de Texas fue saber asimilar de la experiencia de todos, los mexicanos, los brasileños, los peruanos, los argentinos, los venezolanos y los estadounidenses, para luego sintetizarlas en ideas que fueran aplicables a nuestra realidad.
 

5. La ilusión: La capacidad de soñar es uno de los elementos más distintivos del ser humano. Nos diferencia de la mayoría de los animales, porque nos permite trabajar esperanzados en un ideal, un concepto futuro que nos emociona. Texas A&M nos aportó especialmente el sueño de tener campos de entrenamientos mejores, de sistematizar nuestros conocimientos, de modernizar los ejercicios y renovar los métodos de respuesta en las emergencias.
 

 

¿Era mucho pedir?, humildemente creemos que no. Fuimos para tomar parte en cursos de Materiales Peligrosos, pero las enseñanzas que allí recibimos, junto a una adecuada maduración posterior, nos sirvió para mucho más. La historia de la última década en la 18ª, lo decimos sin arrogancia, así lo demuestra.

 


 

Nuestras conclusiones del 96.

Extracto de informe entregado al CBS después de aquella experiencia de julio de 1996, suscrito por los integrantes de la 17ª y 18ª Compañía.

CONCLUSIONES
Como conclusiones relevantes sobre los conocimientos adquiridos, podríamos destacar que:


-El curso nos amplió el horizonte respecto al tema Hazmat y nos hizo tomar y fortalecer la conciencia de que estamos ante un tipo de emergencias que requiere otra forma de operación, soslayando el esquema tradicional de división por compañías.


-Se requiere una complementación entre dos o más unidades que tengan conocimientos iguales, códigos comunes y la capacidad de trabajar en equipo en forma coordinada.
 

-Debe ser obligatorio un procedimiento destinado a instalar un puesto de comando en cualquier emergencia, por pequeña que esta sea, con responsables y responsabilidades bien definidas. Se sugiere adoptar como base inicial el modelo impartido en la Universidad y actualmente vigente en Estados Unidos: "Sistema de Comando de Incidentes". Este es un sistema operacional aplicable a cualquier tipo de emergencias, lo que facilitaría el trabajo Hazmat o cualquier otro tipo de respuesta ante un evento catastrófico.

 


 

-Hazmat es un tipo de emergencia que para su control y resolución no sólo requiere de bomberos, sino que también precisa el apoyo de otras instituciones públicas o privadas.


-Este trabajo (Hazmat) necesita de un financiamiento altísimo y permanente por los recursos materiales involucrados, pero no es aconsejable que existan esfuerzos unilaterales para conseguirlos. Es necesaria una coordinación entre los entes involucrados bajo la tutela del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Se sugiere dar vida orgánica a la Unidad Hazmat del CBS.


-Respecto a los costos, sugerimos que en Chile se considere la fórmula vigente en Estados Unidos y en otros países de América (México, Argentina, por ejemplo) donde el causante de una emergencia Hazmat debe financiar los gastos de materiales y equipos utilizados por bomberos para el control de la emergencia (en Chile podemos excluir el costo en horas hombre). Se sugiere promover la dictación de un cuerpo legal para poner en práctica este punto.

 


-Otra de las conclusiones que surgen del curso, dadas las experiencias mexicana y estadounidense, es que si no existe un convencimiento y un compromiso serio permanente de parte de las autoridades de la institución bomberil, este trabajo puede terminar con una catástrofe.


II.- OBSERVACIONES Y RECOMENDACIONES
1.- Recomendamos el envío de bomberos a Texas en los próximos años, debido a que los riesgos en el país nos obligan a fortalecer nuestro conocimiento y que en Chile no existe un plantel capaz de entregar un programa intensivo a tiempo completo, con el nivel de variedad de escenarios, recursos y experiencias que tiene Texas A&M.


2.- Cualquier futura delegación debe ser coordinada de antemano, bajo un plan con objetivos concretos dentro de un programa del Cuerpo. Es destacable el esfuerzo que hacen las compañías por especializarse en el tema, sin embargo requiere el apoyo del Cuerpo para obtener más recursos y facilidades en este tema.


3.- Hay que dotar bomberos que van a viajar a Texas de implementos y uniformes adecuados, además de viáticos. Es aconsejable también enviar un presente a la Universidad Texas A&M, tal como lo hacen otras instituciones participantes en el marco de un banquete de clausura, donde en la edición 1996 hizo uso de la palabra un miembro del Cuerpo de Bomberos de Santiago en representación de las delegaciones chilenas.

 


4.- Hay que buscar con anticipación, por lo menos un año antes, financiamiento privado para becarios del Cuerpo, pero a la vez hay que dar difusión al curso dentro de las compañías especialistas para dar la opción a quienes puedan, de costearse una parte o todo el viaje. Recomendamos, además, que se considere un aumento en el presupuesto de estudios e instrucción para 1997 para destinarlos a becas.
 

5.- Partiendo del hecho que la Academia Nacional de Bomberos no reconoce el curso, pero que sus instructores han intervenido en dos niveles Hazmat en Texas, recomendamos que el Cuerpo de Bomberos de Santiago legalice los certificados obtenidos por sus delegaciones anteriores ante el Ministerio de Educación, lo que permitiría legitimar el curso ante la comunidad y la empresa privada, con entera prescindencia de la ANB.

En la edición 1996 de los cursos en español, hubo representantes de Bomberos de Iquique, Chuquicamata, Antofagasta, Viña del Mar y Punta Arenas.

6.- Resultaría conveniente que quienes asistan a los cursos futuros tengan conocimientos previos sobre el tema y que sean precalificados de acuerdo a objetivos determinados por la Unidad de Hazmat del Cuerpo de Bomberos de Santiago

 

 Ref: Ubicación del campo de entrenamiento de Texas A&M   30°34'42.68"N,  96°21'11.50"W

 

 

Principal

Cuerpo de Bomberos de Santiago, 18 Compañía
Teléfonos (562) 2294775 y (562) 2422256
Dirección: Gerónimo de Alderete 1218, Vitacura, Chile

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Ultima actualización de esta sección 01/01/2009 21:15

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