Gigantesco Incendio en Melipilla
Fuente: El Labrador de Melipilla
Marzo 4, 2007

Dolor e
impotencia eran los sentimientos que marcaron la tarde del viernes a un
centenar de melipillanos cuando más de veinte casas ardieron en la Población
Teniente Merino a raíz del incendio más grande que recuerde la bitácora
bomberil en los últimos 40 años.
Pasadas las 17:20 horas, la central de bomberos recibió
el primer llamado de alerta dando cuenta del fuego que a esas alturas ya
arrasaba al menos tres viviendas. Diez minutos después, y pese al intenso
trabajo de los voluntarios, a lo que se sumaron a lo menos dos camiones
aljibes de la municipalidad, las llamas ya se habían extendido al menos a
diez casas. De ahí en adelante la manzana compuesta por el cuadrante de las
calles Carampangue, Caupolicán y los pasajes San Carlos y Los Acacias, se
convirtió en una verdadera hoguera que sin piedad convertía en cenizas años
de esfuerzo.
Las llamas alcanzaban varios metros de altura, la
temperatura era intensa y el viento que soplaba en distintas direcciones,
dificultaba las labores de los voluntarios.
La solidaridad de los vecinos nació espontánea. Muchos de
ellos ayudaban a sacar los pocos enseres que sólo algunos alcanzaron a
salvar de entre las llamas. Con baldes, mangueras de jardín y luego con los
camiones aljibes, se organizaban para detener el avance del fuego que en
algún momento amenazó con propagarse a las casas de los pasajes vecinos los
que ante el peligro evacuaron sus viviendas.
El incendio fue controlado pasadas las 20:00 horas y sólo
ahí fue posible apreciar el verdadero daño causado por el fuego. El saldo
fue devastador; unas 22 casas resultaron completamente destruidas dejando 95
personas sin hogar, 51 adultos y 44 niños.

De inmediato autoridades provinciales y comunales se
constituyeron en el lugar de la tragedia y tras conocer el detalle de daños
adoptaron las primeras medidas destinadas a entregar ayuda básica a las
familias damnificadas. Se habilitó un albergue en la sede social del sector
y se hizo llegar ropa de cama para ayudar a pasar la primera noche. Unas 30
personas pernoctaron en la sede de la Junta de Vecinos Teniente Merino que
fue habilitada como albergue mientras que el resto lo hizo en casa de
familiares y vecinos.
Ayer el panorama era desolador. Lo que hasta la tarde del
viernes era un sector poblacional densamente habitado y de actividad
vecinal, ahora parecía un campo de guerra. Máquinas retroexcavadoras,
camiones y los mismos vecinos con carretones e incluso con sus propias
manos, trataban de limpiar los escombros aún humeantes de lo que sólo horas
atrás eran sus casas. Ahí quedaron sus recuerdos, sus años de sacrificio y
la imagen mental de lo que alguna vez fue un hogar.