Tres Generaciones
nos cuentan como viven el cambio de cuartel
Diciembre 15, 2006

El domingo 17 de diciembre a las 23:55 horas, los
hombres y mujeres de la 18 salen de su cuartel de San Félix por última vez.

Visión de un Fundador
Por Ciro Cornejo
Cáceres, Fundador de la 18 Compañía.

Es un cuartelito muy lindo y chiquito ... Cuando nacimos,
todo lo pensábamos en “ito” o en “ita”. De nuestra fundación, habían pasado
unos cuantos años. Paso a paso íbamos creciendo y otras perspectivas de vida
provocaban cambios en nuestra forma de ver las cosas.
Alguien me dijo una vez, y esa persona aun se debe
acordar, que “si se hace algo, se debe hacer lo mas grande y mejor que se
pueda y no seguir pensando en “ito” o “ita.” Crecimos entonces bajo estas
nuevas pautas, debíamos pensar en “dota” o “dote” (gigantote, grandote,
etc.)

Ya no aprendíamos a ser bomberos con la experiencia que
iban dando los años. Ahora ingresan a nuestras filas tras aprobar avanzados
cursos. Todos ellos grandes bomberos con base teórica y científica… son
otros tiempos.
Hoy cuando veo - gracias a Dios - un nuevo y GRANDOTE
paso, quisiera que al acercarme marchando al
cuartel, se reflejaran en esos grandes vidrios, el rostro de mi padre, el de
don Arturo, el de Carlitos, Giuliano, Miguel Silva, Luis Lorca, el del negro
Bozo, Rubén Niño y muchos otros. Ellos sin duda con orgullo y
gran sonrisa dirían:
“Aquí van nuestros hijos, más adelante los nietos y
amigos. Pueda ser que, en esta nueva casa, sigamos siendo familia, como
siempre lo hemos sido”.

Pedirán también que siempre los tengamos en el recuerdo,
que no nos olvidemos porque ellos – siempre mirando a las nuevas
generaciones – dirán “nosotros construimos lo que Uds. tienen ahora”.
Yo ya estoy en el nuevo cuartel. ¿Cuánto tiempo podré
disfrutar de mis bombas y de mi vida? Sólo pienso que pronto seremos más los
viejos
De todo corazón deseo un gran futuro para la 18,
Ciro Cornejo Cáceres.

La Historia desde la mirada de un activo
Cristóbal
Monardes S., Voluntario Activo

Estamos disfrutando las últimas horas de nuestro cuartel
actual. El domingo, a la voz “de frente … MAR”, la Compañía dejará por
siempre la esquina histórica en la cual se cobijó.
Fueron casi 40 años. Toda la vida de la Decimoctava. El
tiempo durante el cual todos juntos, a su tiempo, hemos construido el camino
que hoy nos tiene en la antesala de un paso trascendental.
Con nostalgia y cariño repasamos cada anécdota de las que
fuimos partícipes dentro de nuestra casa. Historias que amenizaron tantas
noches de asados, de convivencia fraterna, de tardes familiares.

Los viejos contando sobre las frías noches en el cuartel
de latón, y los no tan viejos, retrucando las noches con la guardia inundada
por las lluvias, mientras se construía el segundo piso del cuartel. Los
peloteros recordando los suelos de la cancha multiuso, que quizás cuántos
partidos nos permitió compartir.
Rincones con historia, con nuestra historia, corta pero
intensa, que se sigue escribiendo a tranco firme y que a partir de este 18
contará con un nuevo hito en su camino.

Nuestro cuartel es un claro ejemplo de nuestra forma de
ser. Una casa grande, acogedora y tan hogareña que siempre fue un espacio
abierto a la familia. Un lugar que muchas veces, producto del tamaño del
grupo, se nos hizo estrecho e incómodo para albergar a todos sus
integrantes, pero el cariño que nos convocaba superaba tales inconvenientes.

Es que la Dieciocho es Compañía pero también es familia.
Esa característica la lleva en su esencia, es rasgo fundacional desde la
entonces Brigada Nº 3. En un comienzo fueron los Cornejo y los Lorca,
después los Uribe, ahora se suman los Roblero y los Jiménez, mañana quizás
cuántas más…
Antes de ser bombero nada me unía a la Decimoctava. No
tenía amigo ni conocido que fuera o hubiera sido miembro de sus filas. El
vago recuerdo del trayecto en el transporte escolar era mi única certeza de
que ahí existía una Compañía.
Pero decidí entrar a la Casa Grande, y a medida en que
comenzaba a formar parte de la Decimoctava, también iba ganando familia.

Hoy ese cuartel va llegando demasiado rápido a sus
últimos días. El Colegio y la Torre ya no serán más puntos de referencia. No
seremos “la Bomba de la multicancha” ni tampoco “la de la antena celular”.
Los timbres del colegio ya no se confundirán con nuestros timbres que llaman
a cumplir con nuestra misión. Nuestra sala de máquinas dejará de ser
recuerdo vivo de nuestros inicios. El 1318 de San Félix dará paso al 1218,
esta vez de Gerónimo de Alderete.
Sin embargo, el nuevo cuartel también tiene parte de
nuestra esencia, de esa forma de ser que nos imprimieron desde un comienzo
nuestros fundadores.
Ese ímpetu por avanzar, por querer ser más, por lograr
metas ambiciosas, por conseguir llevar adelante proyectos de gran
complejidad y no conformarse nunca con lo ya conseguido.
Esa necesidad de construir a diario una 18 más grande, el
buscar la forma de ayudar de mejor manera a la comunidad, el soñar con lo
más alto, mientras entre todos construimos la forma de llegar donde soñamos.
Es cierto que hoy esa enorme mole de cemento y vidrio nos
asusta y choca contra nuestra imagen de cuartel-casa. La espectacularidad
nos seduce, pero a su vez nos provoca no sentirlo tan propio. Dista mucho de
nuestro hogar anterior, no apreciamos el ambiente familiar al que estamos
acostumbrados, en el cual nos criamos y crecimos todos los que formamos
parte de la 18.

Pero ese es también nuestro próximo desafío. Es deber
nuestro habitar y hacer propio cada espacio y cada rincón del nuevo
edificio. Somos nosotros los que tenemos que cargarlo con la familiaridad
que nos caracteriza. Cada uno de nosotros tiene la obligación de traspasar
nuestra personalidad como Compañía a los nuevos espacios que forman nuestro
nuevo hogar.
La Dieciocho no es un bien tangible. No es ni un cuartel
ni una bomba, ni tampoco la suma de los materiales que tenemos.
La Decimoctava somos nosotros, hombres y mujeres, padres,
hijos, tíos, primos y amigos que desde nuestros corazones buscamos escribir
un 18 más grande.
Hubo un tiempo en que nada de lo que hoy tenemos nos
pertenecía y aún así la Decimoctava seguía fiel a su esencia…
Esa esencia la traspasaron nuestros fundadores al cuartel
de latón y después al cuartel antiguo. Hoy está en cada uno de nosotros el
hacer lo mismo con el cuartel nuevo.

La historia desde el punto de vista del chupe
Nicolás Lara,
voluntario recién ingresado a la 18

No ha pasado ni siquiera una semana y ya tenemos que
enfrentar, como nuevos bomberos, un gran desafío. Para muchas personas el
cambio de hogar es algo que no escapa de lo común, sólo se deja atrás una
simple construcción para llegar a una nueva.
Pero para nosotros, que todavía no estamos muy inmersos
en el tema, sabemos que este traslado significa mucho más. En los rostros de
las personas que tienen toda una historia en esta Compañía, se refleja la
tristeza de dejar a un lado una estructura que por tantos años los cobijó.
Esa misma actitud se impregna en nosotros. Poco a poco, a medida que
ayudamos en el traslado de las cosas hacia el nuevo cuartel, el sentimiento
se siente más fuerte.
Mucha suerte tuvimos nosotros, el último grupo de
aspirantes del “viejo” cuartel, pues vivimos clase a clase la experiencia de
poder aprender dentro de estas paredes. Ninguno de nosotros fue partícipe de
los hechos que han marcado el camino de la Decimoctava Compañía. Pero la
sensación de poder estar aportando a un gran proyecto, como es el cambio de
cuartel, nos deja una gran satisfacción.
Personalmente, esta nueva experiencia es una de las más
importantes que he vivido. Como bien dije, es muy poco el tiempo que llevo
siendo bombero y ya veo que son muchas las cosas que quedan por delante.
Pero lo primero es lo primero.
En algunos más y en otros menos, las imágenes de la
primera piedra colocada en el terreno, las distintas ceremonias efectuadas y
las celebraciones en cada 18, vienen al presente como un muy bonito
recuerdo, mientras que para los nuevos bomberos como yo, son sólo
sentimientos que no tuvimos la oportunidad de vivirlos empíricamente, pero
que de igual manera, poco a poco, se van haciendo más parte de nosotros y
así permitirnos continuar lo que muchos otros comenzaron hace un tiempo.
Un nuevo cuartel significa una nueva vida, un nuevo
espacio y muchas otras cosas. Pero como nuevos bomberos hemos aprendido algo
muy importante: Cambios pueden haber en cualquier parte, lo importante es
que la historia y las tradiciones que envuelven y forman el camino de la
Decimoctava Compañía permanezcan por siempre.