
En octubre de 2003,
a minutos de haber conseguido su segunda victoria en la JMB, y en mi
condición de Capitán, predije a la 18ª que había que ser humildes, que
nuestra impronta no se iba a fijar en este segundo triunfo, sino en el que
se consiguiera después de una gran derrota.
“El día que perdamos
y volvamos a ganar, verdaderamente demostraremos la grandeza de la 18”,
fueron mis palabras. Las recordé íntimamente el domingo después que el
equipo recorriera en 2 minutos y 35 segundos el trazado de la cancha,
superando a grandes compañías como la Décima, la Cuarta y la Quinta, en las
ubicaciones de agua.
Sinceramente, fue un
triunfo inesperado incluso para el que suscribe estas líneas. Me tocó
dirigir el equipo, como tantas otras veces con éxitos y fracasos, y tenía
dudas razonables acerca de nuestra capacidad para ejecutar el movimiento,
pero fueron los propios corredores los que terminaron por convencerme de que
había alguna opción de subirnos al podio.
Si bien los tiempos
de entrenamientos no fueron demasiado admirables (2’46” el día sábado), la
constante regularidad de las pruebas, con una insospechada y mínima
variación estándar, me hizo albergar más expectativas que en los días
iniciales.
La 18ª trabajó en su
estilo, tratando de entregar al máximo en cada práctica, incluso bajo una
lluvia inclemente que el viernes congeló a los más acalorados competidores.
En el camino tuvimos
que sortear obstáculos no menores, como por ejemplo entrenar sin la bomba
porque esta se encontraba en un llamado, pero ahí superamos vía motobomba la
fuente de alimentación, alentando nuestras ganas de probar a como diera
lugar.
Ya el día de la
Competencia, la 10ª nos marcó un tiempo muy inferior al nuestro, en un
admirable desempeño que no debe sorprender a nadie, no en vano es el tercer
año en el que se inscribe como uno de los grandes equipos de la Besoaín.
Lo increíble es que
el equipo dieciochino no se arredró por el gran tiempo registrado, corrió
con temple y bajó 11
segundos
sobre nuestro mejor entrenamiento validado, una actuación muy notable,
considerando los errores cometidos en los blancos 1 y 7, donde por fallas de
ejecución, subimos 5 y 7 segundos en relación a lo que veníamos haciendo en
cancha. Es decir, pese a nuestros errores fuimos capaces de bajar en otros
blancos y rebajar el total a un margen que nos permitió vencer.
Sin querer hacerme
cargo de los comentarios aparecidos en algunos portales Web, donde
refugiados en el anonimato algunos nos catalogan de “chantas” y que espetan
que “somos sólo una página Web”, quiero reflexionar lo que significó para
nosotros vencer por tercera vez la JMB.
Este tercer triunfo
demuestra que rotos los ciclos que nos llevaron a triunfar el 2002 y el 2003
y cambiado buena parte del equipo base y la oficialidad, los Dieciochinos
supieron alinearse en torno un objetivo y conseguirlo sin estridencias, con
la humildad propia de quien trabaja en torno a un objetivo.
En 2003 escribí aquí
que entrenamos para ser mejores bomberos, no para ganar la Besoaín. Ese debe
ser el norte de todos nosotros, los integrantes del Cuerpo de Bomberos de
Santiago y de todos los Cuerpos de Bomberos. Hay que hacerlo, no para salir
en una foto o en una página Web, sino porque la comunidad se lo merece y
porque trabajamos para la gente, no para nosotros mismos.
Habiendo sido
partícipe de tres triunfos en la Besoaín y de otros muchos fracasos, me
siento con la autoridad de admitir que en la 18ª somos bomberos como todos,
tenemos ciclos buenos y malos, pasamos por periodos de crisis y de bonanzas,
pero al fin y al cabo estamos en esto porque elegimos un camino, hicimos un
juramento de servicio y nos debemos a la gente.
¡Qué dulces son las
mieles del triunfo!, pero lo son mucho más porque hemos trabajado para ello
después de dos derrotas sonadas, donde quizás hubo incluso mucho más trabajo
que en esta nueva ocasión.
El 2003 habría
jurado que sólo el trabajo intensivo podría asegurarnos el éxito en la JMB.
Hoy no estoy tan seguro de aquello, aunque si me queda una certeza: la 18ª
es algo más que una pura página Web, son sus hombres y mujeres que el
domingo pasado volvieron a ver su nombre en lo más alto del firmamento
bomberil.