2012: ¿Por dónde empezamos?
Marco Antonio Cumsille
Capitán, 18 Compañía
Enero 1, 2012

Diez años después
de que asumiera por primera vez como Capitán de la 18, vuelvo a escribir
unas líneas con la responsabilidad de liderar desde el punto de vista del
servicio, a una de las más jóvenes unidades del
Cuerpo de Bomberos de Santiago.
Hago este pequeño
texto con la perspectiva de una década más de existencia para todos, pero
también con la sabiduría de tratar de recoger lo mejor de esta última década,
así como también lo más valioso de nuestros primeros años.
Y es que la 18
está en la cuenta regresiva de cumplir casi medio siglo de existencia,
habiendo recorrido desde aquellos primeros días, carenciados en cuanto a los
bienes materiales, pero ricos en alma y espíritu de servir y ser grandes;
hasta los días de mayor confort y recursos.
Esta evolución
material, a veces, nos ha quitado la perspectiva básica que nos convoca, nos
ha privado del alma del bombero (no en el sentido sobrenatural del término),
aquella que encarnaron en su época Merino, Contreras, Cornejo, Silva y
tantos que ya no están.
Decía un afamado
entrenador de fútbol, que el deporte del balompié es una “hermosa excusa
para ser feliz”. Muchas veces siento que ser bombero voluntario es una
excusa moral para ayudar a los demás, pero también para ser feliz con los
amigos. Y es que en las compañías modernas no sólo conviven la técnica y la
camaradería, sino también el conocimiento y la amistad.
Son estas dos
caras de la misma moneda, indivisibles ambas, esenciales para que el bombero
voluntario chileno pueda sobrevivir con la arrolladora vitalidad que lo ha
sustentado por casi 160 años.
Nosotros hemos
hecho un gran esfuerzo por mejorar nuestras técnicas, yo en lo personal, caí
en las redes de la tecnofilia (término prestado por Mario Banderas)
olvidando acaso que radica en las personas, y no un modelo determinado de
pitón, la herramienta más poderosa para salvar vidas, combatir el fuego,
rescatar víctimas y evitar los desastres ambientales que amenazan a nuestra
comunidad.
Sea este el
momento, entonces, para plantearme internamente más desde la perspectiva del
ser humano, más colectivo que individual, como verdadero foco de mi mandato.
Por último, creo
que la 18ª tiene una tarea pendiente para lograr que esta hermosa excusa de
ser bomberos nos brinde la felicidad que esperamos.
Ningún cambio, por
muy poderoso que este sea, tendrá pleno éxito sino es en completa armonía y
coordinación con nuestras compañías vecinas. Vamos a cambiar por primera vez
en 44 años de una máquina Europea a una 100% americana, y este cambio traerá
modificaciones radicales en la forma de operar.
Tengo una fuerte
convicción que no nos bastará con entrenar entre nosotros, sino sumamos a la
14, 15, 19 y 20 compañías, tanto para conocer mejor las potencialidades de
cada una, sino para afianzar el vínculo que nos mueve como compañeros de
ideales.
Esta es una
primera invitación a nuestros queridos vecinos en un año lleno de desafíos y
de responsabilidades para todos, pero la escribo confiado y con la certeza
que a todas las compañías son más las cosas que nos unen que aquellas que
nos separan.
Por último, no
puedo dejar de agradecer a quienes han dejado de ser oficiales
recientemente: a Marcelo Cáceres el Capitán y a Felipe Arancibia, Teniente
Primero, quienes han llevado la carga del cargo con prestancia y dedicación,
al punto que nos han heredado una nueva B18 que asombra y rompe los límites
de lo conocido.
Ambos nos dejan no
sólo la vara muy alta, sino también la obligación de incorporarla al
servicio bajo el mejor entrenamiento posible.
Vamos a comenzar
con eso.