Incendio de Navidad

Pascueros con Casco y Cotona

Por Marco Antonio Cumsille

Diciembre 25, 2010

 

Foto del Diario La Tercera

 

Escribir sobre el incendio de Navidad, me obliga a partir por un reconocimiento a mi esposa, Ana María Rojas y a mis hijos Belén, Salvador y Florencia, quienes han sido comprensivos, tolerantes y pacientes para permitir cumplir con mi deber y pasión, incluso en la noche que representa la fiesta familiar del mundo cristiano.


Dejé mi trabajo como a las 20 horas del día 24, mientras las pantallas de televisión mostraban los trabajos bomberiles en la fábrica de Plásticos Serplas en el sector de Los Cerrillos. Precisamente, me acerqué a la oficina del editor de Teletrece, Patricio Ovando, y le comenté el suceso, advirtiendo fugazmente el paso de Z18 frente a algunas de las cámaras.
 

Inmediatamente llamé al Teniente 1º, Felipe Arancibia, conocedor que estaría de servicio y me indicó que no había noticias de despacho para el resto de nuestras máquinas. Me encaminé a mi casa, pensado que ya estaría todo controlado, mientras una negra columna de humo contaminaba el azul atardecer santiaguino, sin pensar que el deber nos llamaría en muy poco rato más. Ya en mi casa, advertí que los preparativos navideños estaban listos. Una noche de cena familiar con abuelos, cuñados y sobrinos, como en muchas otras casas de nuestra patria.
 

No había alcanzado a permanecer más de media hora cuando un SMS me alertó de lo que se venía:

Mensaje de Texto: "Felipe Arancibia, B y H al incendio. Salomón Sack y Corneta Escobar"
Corrí al auto a buscar el uniforme, pero preferí preguntar.
 

-¿Puedo ir al incendio?
La respuesta fue inmediata: - Anda!
- Pero puede que no vuelva hasta la madrugada.
-¡Anda nomás!
 

Y es aquí donde debo volver al homenaje a mi mujer, que me ha apoyado desde el primer día para poder cumplir con esta verdadera vocación de vida, como la que llevamos todos los bomberos chilenos.
 

Anita es como todas las madres, esposas, hijas o pololas de bomberos, que han sido el soporte del voluntariado desde siempre y que nos alientan a seguir, a pesar de todas las vicisitudes de esta labor. Vaya para ellas mi aprecio y respeto eterno.
 

Terminado el homenaje, vamos al incendio.
 

Ubicación de las máquinas

 

B18 recibió la orden de armar en Salomón Sack y Corneta Reyes (ver abajo donde aparece la estrella), pero el grifo estaba malo. El Teniente 1º optó por retroceder y buscar un lugar mejor.

 


 

Advertido de que había una piscina en la Escuela de Sub Oficiales de Carabineros, pidió permiso para ingresar al recinto y explorar esa opción para trabajar con aguas abiertas.
 

Pese a que el mando superior de Carabineros autorizó a B18 a usar la piscina, su emplazamiento en medio del bosque, tal como se aprecia en la foto, impidió el acceso de una máquina de mayor tamaño.

 

   
 

No obstante, se supo que pasaba un pequeño canal por el interior del recinto, y ante el informe favorable del conductor Mauricio Rodríguez, la bomba se ubicó en un camino interior (ver diagrama de arriba). Utilizando Chorizos y desplegando una piscina que fue llenada por camiones aljibes y algunos Z, se logró una buena alimentación para llevar agua hasta nuestros propios pitones.

 


  

Z 18 y H18 se ubicaron en la calle principal, en Salomón Sack, el primero entregando su cargamento a distintas piscinas que operaban, mientras el H18 hizo tándem con H17.

 

Armada y ataque


B 18 llegó con dos voluntarios y H18 con otros dos. Hubo mucha gente que dejó el cuartel cuando se despachó primero al Z, pensando que las otras máquinas no acudirían al lugar.


Certeramente, el Cuerpo despachó a sus tres compañías Hazmat, por la naturaleza del local y considerando que las tres sumarían una considerable cantidad de espuma para recubrir la materia prima que estaba en las bodegas del lugar, algunas de ellas amenazadas por el fuego.
 

No obstante, el volumen de fuego habría hecho que la espuma no cumpliera su objetivo, así que se dispuso de un gran volumen de agua para bajar la temperatura.
 

Los sectores más críticos eran el costado D, donde se ubicaba una villa con muchas casas colindantes a la industria. Ese sector fue el más crítico, incluso algunas casas tuvieron que ser desalojadas por Carabineros, ante la evidente molestia de los moradores.

 

  
 

Maipú y otros cuerpos atacaron ese lugar cortando el avance del fuego y salvando las casas de un desastre inminente. El costado B, por donde armó la 18, llevando sus armadas desde el interior de la Escuela de Sub Oficiales hasta la entrada principal y ahí por el pasillo lateral, cortando la propagación al lado B.


De hecho, el fuego ya había comenzado a arder en un lote de bolsas con materia prima en el pasillo, entre el muro divisorio y la construcción principal.
 

Para poder cumplir nuestra labor tuvimos que pedir más tiras de 70 a la 4ª de Santiago, a la 3ª de Maipú a la 13ª de Santiago que llegó con su MX y cuyo pitón monitor fue de gran utilidad para hacer un ataque desde la altura.
 

En lo que respecta a nosotros, tuvimos que poner mucho ñeque y ganas en los primeros instantes donde éramos 8 para cubrir ese tremendo frente, además del desgaste enorme que significó armar con los dos pollos a través de un bosque y luego saltar rejas y panderetas.

 



De esos primeros momentos recuerdo a Jorge Mahaluf, Matías Roblero, Cristián Jiménez, Esteban Andrade, Michael More y los chupes Edison Escobar y Sebastián Pezoa, más el cuartelero Julio Arce, los conductores Mauricio Rodríguez, Daniel Zelada y todos comandados por los tenientes Felipe Arancibia y Benjamín Sanfurgo. Fuimos 13 dieciochinos entregando hasta el último esfuerzo, sin posibilidad de relevos, y con la presión, ya no del fuego, sino con las constantes roturas de material, que nos obligaba a cambiar tiras una y otra vez, contra el tiempo, para no dejar a nuestros pitoneros a merced del fuego.
 

Perdimos la noción de la hora, pero pasada la medianoche llegó un segundo contingente que ayudó muchísimo en las labores que siguieron.
 

Tuvimos que romper las latas para avanzar con las pesadas armadas de 70 a través de los fierros calientes, empujando el fuego hacia el edificio principal, donde quedó circunscrito a las 2.30 de la mañana y con pocas posibilidades de pasar a mayores.

 

   
 

Tampoco hay que pasar por alto la visita de uno de los nuestros, el ex brigadier Mauricio Ravilet, residente en Canadá, que se sumó a las labores del H, preparando equipos autónomos, limpiando máscaras o suministrándonos agua cuando estábamos más que exhaustos. Un amigo y un hermano que no nos olvida y al que queremos con todo nuestro corazón.
 

A esa hora arribó un nuevo contingente de dieciochinos, incluyendo al Intendente Mauricio González y al honorario Guillermo Pinto, trayendo la “cena navideña”, consistente en sándwich y bebidas para los que había estado toda la noche.
 

Yo no pude comerla, ya me había degustado un Superocho, mientras recibía las gracias de los vecinos y un llamado telefónico. Era mi hija Florencia que emocionada me conmovió:
 

- Feliz Navidad papi, me encantó tu regalo!
 

Debo estar poniéndome viejo, porque fue uno de los momentos emocionantes de la noche, esos recuerdos que me costará olvidar. No sólo por haber dejado a los míos y tener nostalgia de ellos, sino porque durante el incendio trabajé con Cristián Jiménez codo a codo. Hace dos años casi nos sacábamos los ojos y ahora estábamos codo a codo luchando contra el verdadero enemigo común. Eso es lo que nos enseña el ser bombero. Es el espíritu de servicio, un regalo navideño para toda la comunidad.

 


Ya en la fila, los 27 dieciochinos nos sentimos orgullosos de la arenga de nuestro Teniente 1º Felipe Arancibia, por haber trabajado tan bien y de haber renovado los votos de servicio, viviendo nuestra hermandad más allá de la fatiga y del dolor.

 

Galería de fotos

 

  

  

  

  

  

  

  

  

  

   

   

   

 



 

 

Cuerpo de Bomberos de Santiago, 18 Compañía
Teléfonos (562) 2294775 y (562) 2422256
Dirección: Gerónimo de Alderete 1218, Vitacura, Chile

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