Dejé mi trabajo como a las 20 horas del día 24, mientras las pantallas de
televisión mostraban los trabajos bomberiles en la fábrica de Plásticos
Serplas en el sector de Los Cerrillos. Precisamente, me acerqué a la oficina
del editor de Teletrece, Patricio Ovando, y le comenté el suceso,
advirtiendo fugazmente el paso de Z18 frente a algunas de las cámaras.
Inmediatamente
llamé al Teniente 1º, Felipe Arancibia, conocedor que estaría de servicio y
me indicó que no había noticias de despacho para el resto de nuestras
máquinas. Me encaminé a mi casa, pensado que ya estaría todo controlado,
mientras una negra columna de humo contaminaba el azul atardecer
santiaguino, sin pensar que el deber nos llamaría en muy poco rato más. Ya
en mi casa, advertí que los preparativos navideños estaban listos. Una
noche de cena familiar con abuelos, cuñados y sobrinos, como en muchas otras
casas de nuestra patria.
No había
alcanzado a permanecer más de media hora cuando un SMS me alertó de lo que
se venía:
Mensaje de Texto:
"Felipe Arancibia, B y H al incendio. Salomón Sack y Corneta Escobar"
Corrí al auto a
buscar el uniforme, pero preferí preguntar.
-¿Puedo ir al
incendio?
La respuesta fue inmediata: - Anda!
- Pero puede que no vuelva hasta la madrugada.
-¡Anda nomás!
Y es aquí donde
debo volver al homenaje a mi mujer, que me ha apoyado desde el primer día
para poder cumplir con esta verdadera vocación de vida, como la que llevamos
todos los bomberos chilenos.
Anita es como
todas las madres, esposas, hijas o pololas de bomberos, que han sido el
soporte del voluntariado desde siempre y que nos alientan a seguir, a pesar
de todas las vicisitudes de esta labor. Vaya para ellas mi aprecio y respeto
eterno.
Terminado el
homenaje, vamos al incendio.
Ubicación de las
máquinas
B18 recibió la orden de armar en Salomón Sack y Corneta Reyes (ver
abajo donde aparece
la estrella), pero el grifo estaba malo. El Teniente 1º optó por retroceder
y buscar un lugar mejor.

Advertido de que
había una piscina en la Escuela de Sub Oficiales de Carabineros, pidió
permiso para ingresar al recinto y explorar esa opción para trabajar con
aguas abiertas.
Pese a que el
mando superior de Carabineros autorizó a B18 a usar la piscina, su
emplazamiento en medio del bosque, tal como se aprecia en la foto, impidió
el acceso de una máquina de mayor tamaño.

No obstante,
se supo que pasaba un pequeño canal por el interior del recinto, y ante el
informe favorable del conductor Mauricio Rodríguez, la bomba se ubicó en un
camino interior (ver diagrama de arriba). Utilizando
Chorizos y desplegando una piscina que fue llenada por camiones aljibes y
algunos Z, se logró una buena alimentación para llevar agua hasta nuestros
propios pitones.

Z 18 y H18 se
ubicaron en la calle principal, en Salomón Sack, el primero entregando su
cargamento a distintas piscinas que operaban, mientras el H18 hizo tándem
con H17.
Armada y ataque
B 18 llegó con dos voluntarios y H18 con otros dos. Hubo mucha gente que
dejó el cuartel cuando se despachó primero al Z, pensando que las otras
máquinas no acudirían al lugar.
Certeramente, el Cuerpo despachó a sus tres compañías Hazmat, por la
naturaleza del local y considerando que las tres sumarían una considerable
cantidad de espuma para recubrir la materia prima que estaba en las bodegas
del lugar, algunas de ellas amenazadas por el fuego.
No obstante, el
volumen de fuego habría hecho que la espuma no cumpliera su objetivo, así
que se dispuso de un gran volumen de agua para bajar la temperatura.
Los sectores más
críticos eran el costado D, donde se ubicaba una villa con muchas casas
colindantes a la industria. Ese sector fue el más crítico, incluso algunas
casas tuvieron que ser desalojadas por Carabineros, ante la evidente
molestia de los moradores.

Maipú y otros
cuerpos atacaron ese lugar cortando el avance del fuego y salvando las casas
de un desastre inminente.
El costado B, por donde armó la 18, llevando sus armadas desde el interior
de la Escuela de Sub Oficiales hasta la entrada principal y ahí por el
pasillo lateral, cortando la propagación al lado B.
De hecho, el fuego ya había comenzado a arder en un lote de bolsas con
materia prima en el pasillo, entre el muro divisorio y la construcción
principal.
Para poder
cumplir nuestra labor tuvimos que pedir más tiras de 70 a la 4ª de Santiago,
a la 3ª de Maipú a la 13ª de Santiago que llegó con su MX y cuyo pitón
monitor fue de gran utilidad para hacer un ataque desde la altura.
En lo que
respecta a nosotros, tuvimos que poner mucho ñeque y ganas en los primeros
instantes donde éramos 8 para cubrir ese tremendo frente, además del desgaste
enorme que significó armar con los dos pollos a través de un bosque y luego
saltar rejas y panderetas.

De esos primeros momentos recuerdo a Jorge Mahaluf, Matías Roblero, Cristián
Jiménez, Esteban Andrade, Michael More y los chupes Edison Escobar y
Sebastián Pezoa, más el cuartelero Julio Arce, los conductores Mauricio
Rodríguez, Daniel Zelada y todos comandados por los tenientes Felipe
Arancibia y Benjamín Sanfurgo. Fuimos 13 dieciochinos entregando hasta el
último esfuerzo, sin posibilidad de relevos, y con la presión, ya no del
fuego, sino con las constantes roturas de material, que nos obligaba a
cambiar tiras una y otra vez, contra el tiempo, para no dejar a nuestros
pitoneros a merced del fuego.
Perdimos la
noción de la hora, pero pasada la medianoche llegó un segundo contingente
que ayudó muchísimo en las labores que siguieron.
Tuvimos que
romper las latas para avanzar con las pesadas armadas de 70 a través de los
fierros calientes, empujando el fuego hacia el edificio principal, donde
quedó circunscrito a las 2.30 de la mañana y con pocas posibilidades de
pasar a mayores.

Tampoco hay que
pasar por alto la visita de uno de los nuestros, el ex brigadier Mauricio
Ravilet, residente en Canadá, que se sumó a las labores del H, preparando
equipos autónomos, limpiando máscaras o suministrándonos agua cuando
estábamos más que exhaustos. Un amigo y un hermano que no nos olvida y al
que queremos con todo nuestro corazón.
A esa hora arribó
un nuevo contingente de dieciochinos, incluyendo al Intendente Mauricio
González y al honorario Guillermo Pinto, trayendo la “cena navideña”,
consistente en sándwich y bebidas para los que había estado toda la noche.
Yo no pude
comerla, ya me había degustado un Superocho, mientras recibía las gracias de
los vecinos y un llamado telefónico. Era mi hija Florencia que emocionada me
conmovió:
- Feliz Navidad
papi, me encantó tu regalo!
Debo estar
poniéndome viejo, porque fue uno de los momentos emocionantes de la noche,
esos recuerdos que me costará olvidar. No sólo por haber dejado a los míos y
tener nostalgia de ellos, sino porque durante el incendio trabajé con
Cristián Jiménez codo a codo. Hace dos años casi nos sacábamos los ojos y
ahora estábamos codo a codo luchando contra el verdadero enemigo común. Eso
es lo que nos enseña el ser bombero. Es el espíritu de servicio, un regalo
navideño para toda la comunidad.

Ya en la fila, los 27 dieciochinos nos sentimos orgullosos de la arenga de
nuestro Teniente 1º Felipe Arancibia, por haber trabajado tan bien y de
haber renovado los votos de servicio, viviendo nuestra hermandad más allá de
la fatiga y del dolor.
Galería de fotos











