Una noche de
contrastes
Por Marcelo
Jamasmie, Teniente 2º 18 Cía.
Octubre 7, 2010

Foto de archivo
El pasado viernes nuestra compañía vivió una de esas
noches que nos recuerdan que aunque pasen semanas de tranquilidad, solo
falta un par de minutos para darnos cuenta que las emergencias no descansan.
Eran cerca de las 22:30 horas cuando B19, que había
salido a un llamado estructural en conjunto a B18 y Q15, daba la alarma de
incendio en las calles Santa Blanca y Camino del Labrador. Se quemaba una
casa de grandes dimensiones que veía destruido la totalidad de su segundo
piso. Mientras trabajábamos en la extinción del fuego, nos pudimos percatar
de la gran cantidad de obras de arte, esculturas de mármol, pinturas, una
antena satelital y el sauna que se vieron afectados por la acción del fuego.
Ya de regreso en el cuartel, no habíamos alcanzado a
descansar del trabajo previo, cuando la central nos despachó a las calles
Sierra Nevada y Diaguitas. En ese lugar se quemaban 3 casas de material
ligero, por lo que el 3º Comandante procedió a dar la alarma de incendio.
En este último incendio, a diferencia del anterior, lo
que más impresionaba era el drama humano que se vivía en la población, donde
los dueños de casa en conjunto con sus vecinos, luchaban contra el humo y el
fuego para tratar de rescatar los pocos bienes que no habían sido afectados.
A pesar de los muchos llamados y el tiempo que haya
transcurrido, uno nunca deja de afectarse con la tragedia que provoca el
fuego. Paradójicamente emergencias como estas nos muestran la verdadera
realidad de Chile, dejando de manifiesto los extremos sociales de las
comunas que nos toca atender, donde a veces una simple calle divide polos
tan opuestos.
Más allá de cumplir con la labor encomendada, lo
destacable de ambos incendios es que una vez más cumplimos nuestra misión,
porque bomberos no conoce de distingo alguno, condición o estrato social. Un
trabajo eficiente y profesional con el solo fin de proteger la vida y
minimizar al máximo los daños materiales, incluso a costa de la integridad
física. Esto es lo que motiva a seguir entrenando y capacitándonos, para que
de alguna forma seamos capaces de marcar una diferencia tras nuestra
llegada.
Ser capaces de conmoverse con el sufrimiento humano es
algo que nos define como institución y nos lleva día a día a perfeccionar
nuestro arte, siguiendo por la senda de la vocación de servicio
desinteresado que todos hemos heredado de los gestores de este grupo humano
llamado Cuerpo de Bomberos.