Orgulloso de ser
bombero
Por Cristóbal
Monardes, 18 Compañía.

Vengo llegado desde Concepción y es imposible no escribir
desde el corazón. La dimensión de la tragedia es tan grande que hay momentos
en que se me aprieta el pecho al recordar la desolación con la que me
encontré.
Las imágenes del terremoto y del maremoto las hemos visto
todos. También, en alguna medida, el drama humano que esta nueva catástrofe
nos deja.
Sin embargo, debajo del velo amargo que cubrió esta
nefasta semana, puedo decir con toda certeza que fuimos nosotros, los
Bomberos, una de las pocas instituciones que estuvo a la altura de la
emergencia.
En mis 10 años de servicio me han tocado algunas
emergencias de magnitud y sé que siempre existen errores y problemas que
corregir. Y esas fallas en alguna medida nublan nuestra perspectiva sobre la
respuesta a la emergencia.
Pues esta vez viví la tragedia desde la perspectiva del
ciudadano y pude constatar que la labor de Bomberos fue simplemente
extraordinaria, digna de admiración. Esta vez no sólo apagamos incendios,
rescatamos personas y repartimos agua a vastos sectores que no la tenían. La
semana pasada fuimos un tremendo pilar en el cual la comunidad logró
encontrar apoyo.
En una ciudad llena de miseria, fueron los cuarteles los
puntos en donde la gente pudo satisfacer sus necesidades: Agua, luz, comida,
abrigo, tranquilidad. Porque finalmente la casa de los bomberos se
transformó en la casa de la comunidad entera, un maravilloso punto de
encuentro entre nosotros, los bomberos, y nuestra finalidad, el prójimo.
Me fui de Concepción orgulloso de cada uno de los
voluntarios que aportó su sacrificio desde el lugar en donde estuvo,
sirviendo a una comunidad abatida por tamaña catástrofe. Volví orgulloso de
mí mismo por ser bombero y pertenecer a un cuerpo de infinita bondad. Se me
hinchó el pecho al ver el trabajo prolijo de la Fuerza de Tarea del Cuerpo,
quienes realizaron una labor impecable bajo el mando de un extraordinario
Juan Carlos Subercaseaux.
Créanme que como periodista vi la peor cara de este
terremoto y posterior maremoto. Se me apretó el pecho con la desolación de
Dichato o Talcahuano, la muerte de familias en Pelluhue, la desesperación
por tener un familiar desaparecido. Pero también vi el extraordinario
ejemplo que dieron los Bomberos, quienes aunque golpeados por la tragedia,
supieron cumplir con su misión.