10-5 en Chicureo y un 10-6 de llapa
Por Marco Antonio Cumsille

Un año y dos meses
me demoré en desempolvar mi uniforme de trabajo. Pese a haber recibido en
diciembre mi premio de 30 años con más de 2 mil sobrantes, me mantuve ese
tiempo jubilado guardé mi uniforme de nomex en la buhardilla de mi casa
hasta el domingo pasado.
El jueves 25 de
febrero, pedí de vuelta mi casco que estaba en el cuartel, pensando en que
quizás lo necesitaría uno de estos días. Y lo necesité al fin y al cabo.
El terremoto me
pilló en Con-Con, pero recién el martes aparecí por el cuartel. Había
necesidad de gente por el acuartelamiento, pero me imaginé que los jóvenes
dieciochinos estarían participando con el mismo fervor que nosotros lo
hicimos el año 85.
Había seguido de
cerca las evoluciones de nuestros cuatro compañeros en la fuerza de tarea de
Concepción, pero acá también había cierta labor que realizar. Al constatar
que me necesitaban en Gerónimo de Alderete 1218, me sumé al almuerzo
dieciochino. La mesa era más larga de lo habitual y en ella compartían desde
el Teniente 2º, hasta jóvenes voluntarios.
Estábamos
esperando nuestros almuerzos, que habían demorado más de la cuenta, cuando
sonó el directo desde la Central. Van a salir a un 10-5 nos informó el
Teniente, añadiendo una pregunta: ¿Quiénes son operadores Hazmat?
Tímidamente levante mi mano junto a otros siete. El
teniente dispuso nuestra salida y no me quedó otra que calzarme el uniforme.
De pronto, me vi
saliendo a cargo de H 18 rumbo a Piedra Roja en Chicureo. Tomamos Vitacura y
Américo Vespucio, para continuar por la radial nor oriente, donde de regreso
nos quisieron cobrar peaje. Se nos informó que
teníamos que prestar apoyo al cuerpo de Bomberos de Colina. Se trataba del
laboratorio del Colegio Alemán, cuyos frascos con formalina y otros químicos
habían caído. El rector del mismo nos explicaría después que guardaban
experimentos de más de 50 años.

Por ser el más
antiguo, asumí como Comandante de Incidente y designé a Rodrigo Ulloa jefe
Haz Mat, mientras Rodrigo Cornejo actuó como jefe de seguridad.
Nada más llegar, establecimos una muy buena
comunicación con el Capitán de la 5ª de Colina. Nos describió el escenario y
le pedimos que su compañía actuara para la descontaminación.

Básicamente,
armamos dos equipos con trajes de nivel 2, para evitar las posibles
salpicaduras. Un equipo se dedicó a neutralizar con arena los residuos que
estaban en el piso, y otro a palear los desechos orgánicos que cayeron con
el sismo. Todo se metió en bolsas plásticas para su remoción El equipo uno
estuvo compuesto por Matías Roblero y Jorge Mahaluf, mientras el dos lo
integraron Benjamín Sanfurgo y Mauricio González Asís.
Trabajamos cerca
de una hora y media, y las bolsas con desechos las guardamos en los
contenedores de basura del propio colegio, los que fueron trasladados a una
zona segura a la espera de su retiro industrial.
Regresamos al
cuartel cerca de las 19 horas, sin haber almorzado pero rejuvenecidos por
haber servido de una manera específica a la comunidad.

Mi participación
se amplió dos días más tarde cuando atendimos uno de los muchos 10-6 en la
zona de Providencia, lo que me permitió constatar la renovada capacidad
operativa de H18 y de toda la compañía.
Fue un bonus track
para un veterano del terremoto de 1985 que ha refirmado su convicción y fe
en las nuevas generaciones de dieciochinos. Al menos, por lo que he podido
constar en mis ocasionales compañeros de los actos del servicio post
terremoto.
El H 18 volvió a
salir a un 10-5 el sábado 6 de marzo, derrame de combustible en un
subterráneo. Pero eso, amigos, es otra historia.