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A la memoria de don Kurt

Reflexiones sobre la muerte de un bombero ejemplar

Por Marco Antonio Cumsille

Agosto 20, 2009

Hace 30 años, solíamos formar siempre, ya fuera que el difunto hubiese estado 5 años en las filas o bien más de 50. Por ello, los funerales representaban para los más jóvenes, un especie de obligación ingrata, pues por mucho compromiso que hubiera con la causa, a veces eran demasiadas las citaciones en  un mes y hasta en una misma semana.

Con el tiempo, el tema de los funerales se adaptó también al cambio de la vida urbana. No cualquier funeral, no cualquiera citación. Los sepelios oficiales se reservaron para aquellos elegidos que fueron capaces de sustentar el ideal bomberil más allá de medio siglo.

He de confesar que reflexionaba sobre aquello el martes pasado con ocasión del adiós del insigne Kurt Posselius, bombero con premio de constancia por 80 años de servicios, y 101 años de vida llena de matices y destellos.

Era un día de lluvia y de frío, una jornada que invitaba a buscar una excusa para capear las inclemencias y dejar “a los demás” la responsabilidad de estar junto al compañero perdido.

Fue precisamente la adversidad del clima lo que más motivó mi asistencia, especialmente estimulada por la persona a quien íbamos a acompañar al campo santo.

Son estas las ocasiones donde cada uno de nosotros debe estar, más allá de los obstáculos que se nos pongan en el camino.  Siempre es más fácil, más resonante, tripular un carro, empuñar un pitón o blandir un hacha. Pero también se es bombero, y quizás más, cuando cumplimos nuestro deber solidario hacia nuestros propios hermanos de ideal. Y vaya que es importante acompañarlos en la última hora.

Kurt Posselius era el bombero voluntario más antiguo de Chile, el número uno entre los integrantes de nuestro Cuerpo y había sido, en sus últimos años, una luz muy poderosa en cuanto al espíritu y el voluntariado, demostrado incluso en su etapa final, cuando sus ojos dejaron de captar lo que su vivaz mente percibía, las ganas de seguir vistiendo la casaca azul de su Duodécima.

Por lo general, los discursos fúnebres bomberiles tienden al lugar común, a la repetición obstinada de los datos clásicos de las hojas de servicio, a la enumeración de cargos o premios de asistencia. Por ello, don Kurt tuvo quizás el mejor homenaje, la semblanza que su nieta Edita Ramelli trazó frente a todo el cuerpo.

Y quizás muchos de nosotros nos proyectamos al comprender como ya en su vejez, vivía esperando el día 12, donde iría a compartir con los suyos, en su cuartel, rejuveneciendo con el rito que todos tenemos en nuestros propias compañías.

Supimos del anciano adorable, del ex profesor orgulloso de su Universidad Técnica del Estado, y del hombre que pese a su ceguera se empeñaba en mantenerse activo hasta sus últimos días.

Por ello, y a modo personal, le agradezco a don Kurt el haberme brindado el privilegio de acompañarlo la noche triste del 18 de agosto, y me hizo recuperar a través de las palabras de su nieta, aquella inmensa pasión bomberil que a veces uno extravía.

Lamento por mis compañeros que no pudieron seguirlo ni empaparse con el agua sagrada de su ejemplo, pero para los que fuimos resultó una lección inolvidable que el Cuerpo de Bomberos de Santiago no puede extinguir jamás.

 

 

 

 

Cuerpo de Bomberos de Santiago, 18 Compañía
Teléfonos (562) 2294775 y (562) 2422256
Dirección: Gerónimo de Alderete 1218, Vitacura, Chile

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Ultima actualización de esta sección 21/08/2009 00:47

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